En el principio, la vocación poética de Blas de Otero

Blas de Otero es uno de los principales poetas españoles del siglo XX. Su trayectoria recorre todas las corrientes que se sucedieron en la lírica a lo largo de la segunda mitad de la centuria. Con el poema En el principio, realiza un canto al sacrificado oficio de escribir versos.

La lírica es un arte minoritario que otorga muy pocos beneficios a quién lo cultiva. De hecho, mientras un novelista puede vender miles de ejemplares de sus obras, las tiradas que las editoriales hacen de los libros de poesía apenas alcanzan un millar o dos.

Si pensamos en cualquier gran figura del género, desde Charles Baudelaire hasta Rubén Darío, por citar tan sólo dos ejemplos diferentes, podremos comprobar como, o bien poseían otra fuente de ingresos o bien atravesaron innumerables penurias económicas.

Foto del Museo Guggenheim de Bilbao

Una vista de Bilbao, ciudad natal del poeta, con el Guggenheim en primer término

Por tanto, la poesía es esencialmente vocacional. Quién se dedica a ella no busca dinero ni homenajes sino que la escribe por una imperiosa necesidad de comunicar algo, ya sea su intimidad, ya un mensaje de contenido social, político o artístico. Y, como toda vocación, requiere sacrificios.

Esto es lo que parece decirnos Blas de Otero (Bilbao, 1916-1979) en su poema En el principio y, a buen seguro, sabía de lo que hablaba, pues su dedicación a la lírica recorre todas las corrientes que ésta ha seguido en España a lo largo de casi toda la segunda mitad del siglo XX. Inspirado por su ciudad natal, Bilbao, hoy día internacionalmente conocida por el Museo Guggenheim que acoge.

En efecto, Otero se da a conocer con dos libros de poesía fuertemente existencial, a tono con la que se cultivaba en los últimos años cuarenta: Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia.

Se trata, por tanto, de una lírica íntima, personal, en la que cabe distinguir, principalmente, dos direcciones: la metafísica que se pregunta acerca del sentido de la existencia y en la que se incluyen sus poemas religiosos; y la poesía amorosa, que concibe lo sentimental como una forma de lograr la realización personal.

Pero, en 1955, Otero publica Pido la paz y la palabra, que supone su paso a una lírica de hondos contenidos sociales muy acorde con las tendencias en boga. Y, como ocurre con toda la poesía social –siempre dirigida a la mayoría-, la calidad disminuye considerablemente. No obstante, en esta etapa escribe algunas composiciones de gran belleza dedicadas a las gentes y las tierras de España.

Finalmente, tras el apogeo de este tipo de lírica, el vasco retorna a lo íntimo pero ahora con formas experimentales en las que es patente la influencia del Surrealismo: métrica libre, imágenes insólitas y un lenguaje propio.

Como decíamos, En la palabra constituye un verdadero canto del poeta a los sacrificios que requiere la dedicación a la lírica. No obstante, parece sentirse satisfecho a pesar de todo, pues “le queda la palabra”, algo que nadie podrá quitarle. Y, como casi siempre en Otero, el tono es arrebatado, fuertemente sincero.

Sin duda, fue el vasco un gran poeta, profundamente humano, en el que las corrientes líricas posteriores deberían mirarse más en vez de buscar sus modelos en literaturas lejanas.

Podéis leer el poema aquí.

Fuente: El Poder de la Palabra.

Foto: Bilbao: Dalbera en Flickr.

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