La forma de querer tú, de Pedro Salinas, el desengaño de no ser correspondido

Entre los grandes cantores al amor con que cuenta la poesía española, Pedro Salinas es el máximo exponente dentro de la Generación del 27. Sin embargo, en La forma de querer tú, expresa su desilusión ante una amada fría y desdeñosa.

A lo largo de la historia de la literatura en lengua castellana ha habido grandes cantores del amor. Desde los grandes líricos medievales, pasando por Garcilaso de la Vega o Francisco de Quevedo, hasta llegar a los románticos, son muchos los poetas que han expresado sus sentimientos a través del verso.

Por ello, no es de extrañar que en un grupo tan brillante y numeroso como la Generación del 27 encontremos varios de ellos. Muy importante es, en este sentido, el sevillano Luis Cernuda, pero más aún lo es Pedro Salinas (Madrid, 1892-1951), a la sazón maestro de aquél tanto en la Universidad de Sevilla como en el arte poético.

Foto de la Universidad de La Sorbona

Universidad de La Sorbona, donde Salinas fue lector de español

Y es que en Salinas se da –como también sucede con otros miembros de su generación- la doble faceta de profesor y de poeta. Incluso ejerció la crítica literaria legando ensayos muy estimables que abarcan desde el Poema de Mío Cid hasta sus contemporáneos y revelan una sólida formación intelectual y una extraordinaria sensibilidad.

Pero Salinas es, sobre todo, un poeta de excepcionales cualidades. Su creación, influida en sus momentos iniciales por Juan Ramón Jiménez, adopta pronto una voz muy personal. Para él, la lírica es una forma de profundizar en la esencia de la vida: «La poesía es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino. Eso es todo».

Y el medio del que se sirve para lograr su objetivo no es otro que el ingenio, la inteligencia. Ésta le permite ahondar en los sentimientos y las vivencias para, superando los hechos concretos, aproximarse a ese absoluto del que habla.

Consecuencia de ello es una lírica presidida por una suerte de «conceptismo interior» –en palabras del crítico Leo Spitzer– que se plasma en paradojas, juegos de ideas y, sobre todo, en una condensación poética que, aunque aparenta sencillez, oculta una ardua tarea.

Como fruto de todo ello, Salinas se erige en gran poeta del amor. Y también –como sucede en algunas ocasiones- del desengaño. Buena muestra de ello es la composición titulada La forma de querer tú… en que el poeta expresa una dolorida queja ante la frialdad de su amada, que se deja querer pasivamente pero jamás corresponde ni de palabra ni de obra.

No podía ser de otro modo: el poeta del amor tendría que sufrir el desdén y la apatía del objeto de sus amores. Pero ello, indudablemente, no resta un ápice de belleza a sus extraordinarias composiciones.

Podéis leer el poema aquí.

Fuente: Rincón castellano.

Foto: La Sorbona: TEDizen en Flickr.

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