Recordando a Pushkin

Aleksandr Pushkin (1799-1837) fue considerado en su día como un rebelde. Lo fue porque se opuso categóricamente al régimen zarista, sistema político que él mismo consideraba anclado en estructuras sociales pretéritas. Pero además de por sus creencias políticas, Pushkin fue un rebelde de las letras, al hacer evolucionar la lengua literaria rusa, adaptando los viejos géneros a los nuevos tiempos modernos. Gracias a su contribución, y a la de otros coetáneos suyos como Nikolai Gógol, autores posteriores como Fiódor Dostoievski o Leon Tólstoi llegaron a ser lo que fueron. Es por ello que podemos decir que, sin la influencia de Pushkin, las letras rusas nunca hubieran llegado tan lejos. Y todo pese a que, como era costumbre en la época dentro de las familias aristócratas de la época, éstos adoptaran la cultura y lengua francesa en su cotidianidad.

El adios de Pushkin al mar

Detalle de El adios de Pushkin al mar, óleo sobre lienzo por Cuadro realizado por I. K. Aivazovski y I. E. Repin.

Estandarte del pensamiento romántico en su país, Pushkin fue un gran admirador de Lord Byron y por eso podemos afirmar que, antes de que sus obras adquiriesen un carácter eminentemente ideológico, el escritor y poeta ruso fue un perfecto romántico. Fruto de su estancia en su señorío de Mijáilovskoie brotaron poemas como ‘Los gitanos’, ‘Los hermanos bandidos’ o ‘El prisionero del Cáucaso’. En estos poemas, además de dejarse embriagar por la visión placentera del mar y las montañas, paisajes que se se volvieron su fuente de inspiración, se puede apreciar su gusto por emplazar en sus obras a personajes marginales o contestatarios con la sociedad. Como hemos dicho con anterioridad, Pushkin era a estas alturas el perfecto autor romántico.

Sin embargo, y para los servicios secretos zaristas, el germen de la revolución empañaba ya sus obras, por otro lado eminentemente sentimentales. Sin embargo, y tras interceptar los poemas ‘La libertad’ y ‘El pueblo’, Pushkin fue obligado a exiliarse, primero en Ucrania y luego en Crimea. Fue precisamente allí donde escribió algunos de sus poemas más laureados: ‘El prisionero del Cáucaso’, ‘Los hermanos bandoleros’ y ‘La fuente de Bakhcisaraj’. Poco a poco, su obra se torna más realista que romántica, sobre todo por el hecho de que Pushkin se revela a sí mismo como ateo. Prueba de este cambio metafísico se refleja en la tragedia’Boris Godunov‘ (1824-1825) y la novela en verso que le sigue: ‘Yevgeny Onegin’ (1833), cuya redacción inicia en 1983, estando aún en el exilio.

De vuelta a Moscú en 1830 Pushkin conocería a Natalia Goncharova, una de las mujeres más bellas y deseadas de la alta sociedad rusa, con la que contraería matrimonio. Fue entonces cuando el escritor se retiró a un refugio paterno en Bóldino, lugar en el que escribió algunas de sus mejores obras: ‘Historia de la aldea Goriújino’, ‘Banquete durante la peste’ o ‘La casita en Kolomna’. Un año después de su llegada, en 1931, conocerá a Nikolai Gógol, con el que entablará una fuerte amistad, además de dejarse influir por la comicidad de su compañero. Este apoyo mutuo no cesaría hasta el final de la vida de Pushkin, y cuando éste lanzó su revista Sovreménnik (El Contemporáneo) en 1836, no dudaría en publicar algunos de los que hoy están considerados los mejores relatos de Gógol.

Mal aceptado entre los círculos cortesanos en los que se movía su esposa a causa de sus ideas revolucionarias, al final de su vida Pushkin escribiría la mayoría de sus obras en prosa. Ejemplos de ello son ‘Poltava’ (1829); ‘Relatos de Belkin’ (1830); ‘El caballero de bronce’ (1833) y ‘La hija del capitán’ (1836). Aleksandr Sergeyevich Pushkin murió a la edad de 37 años en un duelo alentado por algunos de sus enemigos, en el que se batía contra el militar francés Georges d’Anthés. El arma del escritor fue manipulada, por lo que ese 10 de febrero de 1837 este autor se convirtió automáticamente en el difunto padre de la lengua literaria rusa y fundador por derecho propio de la corriente moderna.

Foto / Wikipedia Commons

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