Un ensayo sobre la pizza hace que la Universidad de Yale la admita en sus clases

Conoce el sorprendente caso de una muchacha de Tennessee, que consigue ser admitida en la Universidad de Yale (Connecticut), presentando un ensayo sobre lo que le gusta la pizza. Estas cosas pasan en Norteamérica, en Italia no creo que colasen.

ensayo pizza

La famosa Universidad de Yale (Connecticut), una de las instituciones educativas privadas más reconocidas de los Estados Unidos y del mundo, pone como requisito para acceder a ella, presentar un texto sobre algo que te guste hacer, con un máximo de 200 palabras. ¿Sobre qué escribirías tú? Piensa que estás tratando de acceder a una Universidad. ¿Sobre lo que te importa la cultura? ¿Sobre lo que te interesa la investigación? ¿Sobre tus deseos de alcanzar el sueño americano? (Recuerda, estás en EE.UU.)

¿Se te ocurriría contar lo que te gusta Justin Bieber, o Ariana Grande, o Luis Fonsi? ¡A que no! Pues “despacito”, porque una de las aspirantes se descolgó con un ensayo sobre su gusto por la pizza. Claro, hay que tener en cuenta que era un ensayo, si llega a ser una tesis la nombran doctora honoris causa.

La ¿valiente? muchacha es Carolina Williams, de 18 años, y se acaba de graduar en una escuela secundaria de Tennessee, donde puede que se cocinen las mejores pizzas de toda Norteamérica, o que la adolescente estuviese un poco traumatizada pensando si en Yale algún día le pondrían pizza para cenar.

Y algo de todo eso había, porque si tienes oportunidad de leer su relato (lo de ensayo es muy americano, pero le cae un poco grande), descubrirás en él, que, efectivamente, las mejores pizzas son las que sirve Papa John’s puerta a puerta, y que solo su presencia, no se sabe muy bien si de la pizza o de quien se la lleva, despierta en ella todo un cúmulo de recuerdos infantiles que le hacen adentrarse en las teorías psicológicas de Paulov, o los modelos circulares de la física más avanzada.

Pero entre tanta prosa, a veces con intentos poéticos, que recorre su escrito, se esconde una cómoda y antojadiza niña a la que le gusta el queso en porciones de ocho y sueña con ser autosuficiente y hasta independiente dentro de una caja de cartón. Desde luego, originalidad no le ha faltado, ni presteza en contarles su proeza a los de Papa John’s Pizza, que la recompensaron con pizzas gratis por un año y una pasantía estudiantil (se supone que para aprender a hacer pizzas porque comérselas ya sabe).

Los que también se apresuraron en felicitarla y admitirla entusiasmados, fueron el decano de admisiones de pregrado y otra de las personas que siguió paso a paso su proceso de admisión y que le comunicaba que eran muchos los que estaban encantados con su próxima llegada. No cuesta mucho adivinar los gustos gastronómicos de los subsodichos, pues la futura universitaria llegaría con una pizza bajo el brazo.

Y digo que se apresuraron, porque lo más chusco de la historia es que al final, Carolina, prefirió matricularse en la Universidad de Auburn, en el estado de Alabama y comerse todas las pizzas ella solita. Yo sé todavía de alguno (lo digo bajando la voz) que tiene pesadillas en las que sueña mientras duerme que está haciendo el examen de selectividad, así se llamaba antes la Prueba de Acceso a la Universidad, que ahora han vuelto otra vez a cambiarla de nombre. Con lo fácil que hubiera resultado componer todo un ensayo, por ejemplo, sobre el calimocho, con pizza por supuesto.

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