‘El asunto Lemoine’, de Marcel Proust

Un conjunto de textos paródicos que muestran como el autor de ‘En busca del tiempo perdido’ también sabía escribir con humor.

Cuadro Proust

En Literatura se califica con la palabra francesa “pastiche”, que a su vez procede del italiano “pasticcio”, a aquella obra que imita voluntariamente textos de otros autores para combinarlos de suerte que el resultado es un libro nuevo. Nada tiene que ver, por tanto, con el plagio, pues generalmente se hace con tono paródico. Algunos ejemplos de ello son ‘La verdad sobre el caso Savolta’ de Eduardo Mendoza, ‘Tres tristes tigres’ de Cabrera Infante o el mismo ‘Ulises’ de James Joyce.

Incluso alguien dotado de un estilo literario tan original como Marcel Proust (Auteuil, 1871-1922) lo cultivó. Entre las escasas obras que nos ha legado aparte de su monumental ‘En busca del tiempo perdido’, hay una titulada precisamente ‘Pastiches y misceláneas’.

Hijo de un médico de renombre internacional, Proust es un caso curioso en la Historia de la Literatura. Porque, gracias a la fortuna de su familia, no necesitó dedicarse a trabajar y pudo consagrarse a escribir. Pero, además, lo hizo sin reconocimiento alguno durante muchos años. De hecho, es famosa la anécdota de que André Gide, a la sazón uno de los editores de la ‘Nouvelle Revue Française’, rechazó el manuscrito de ‘Por el camino de Swan’, primera parte de ‘En busca del tiempo perdido’. La recompensa a su constancia y fe en sí mismo le llegaría cuando el segundo volumen de ésta, ‘A la sombra de las muchachas en flor’, obtuvo el Premio Goncourt en 1919, tan sólo tres años antes de la muerte de su autor.

Volviendo a ‘Pastiches y misceláneas’, a ellos pertenece ‘El asunto Lemoine’ que no puede basarse en un hecho real más adecuado a la parodia. A principios del siglo XX, Julius Werner, Presidente de la compañía De Beers dedicada a los diamantes, fue estafado por un ingeniero llamado Lemoine, quien le convenció de que poseía una fórmula para fabricar estas piedras preciosas. Su intención era que la trampa fuera descubierta y así bajaran las acciones de De Beers para comprarlas a precio mínimo.

Sin embargo, el asunto fue complicándose de forma rocambolesca y trascendió a la prensa. Entonces Proust, que por cierto poseía algunas participaciones, escribió una serie de artículos para ‘Le Figaro’ sobre ello en cada uno de los cuales imitaba a un autor clásico francés. Compilados, recibieron el título de ‘El asunto Lemoine’ que sin duda es una obra menor del autor pero resulta valiosa, pues demuestra que incluso un esteta literario como Proust era capaz de escribir textos humorísticos.

Vía: Editorial Funambulista.

Foto: LW Yang.

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