El costumbrismo de José María de Pereda

La novela realista tiene sus orígenes en el costumbrismo romántico, a cuyas escenas añade una trama argumental que va progresivamente ganando en protagonismo. Así, en una etapa intermedia se da la novela regional, que muestra tipos y costumbres de una región concreta hilados por un argumento. Uno de los maestros de este género es el cántabro José María de Pereda, quién, en Sotileza, muestra un claro ejemplo de todo ello, con el añadido de introducir términos propios de la tierra.

La novela realista tiene sus orígenes en el costumbrismo romántico, que consistía en mostrar tipos y escenas propias de la vida cotidiana, generalmente de las clases populares. De ahí se pasó a engarzar estos cuadros con una leve trama y, como resultado de la evolución de todo ello, a la narrativa de la segunda mitad del siglo XIX conocida como Realismo literario.

Portada de Sotileza

Portada de Sotileza

Aunque éste fue progresivamente abandonando el tipismo, en el caso de muchos autores, este componente costumbrista se mantuvo con mayor o menor intensidad. Se trataba entonces de contar una historia ambientándola dentro la vida diaria de un grupo social de una determinada zona geográfica. Es lo que se llamó novela regional.

Uno de los principales representantes de ésta –si no el más destacado- fue el cántabro José María de Pereda (Polanco, 1833-1906), quién se crió en pleno campo montañés y mostró siempre un afecto a su tierra que se aprecia en todas sus obras, desde las puramente costumbristas Escenas montañesas –al estilo de las matritenses de Mesonero Romanos o las andaluzas de Estébanez Calderón– hasta Peñas arriba.

Así se ve, igualmente en Sotileza, publicada por vez primera en 1885, que muestra la vida de los pescadores de la capital cántabra, Santander. Es la narración de la epopeya de esos bravos marineros y una de las mejores novelas del mar que se han escrito. Pero, como es lógico, también cuenta una historia.


Silda, apodada Solileza, es una muchacha huérfana que ha sido recogida por un matrimonio de pescadores. Hermosa y de carácter soñador, enamora a Andrés, un muchacho de clase más alta. Por este motivo, su boda es imposible: Andrés se casará con otra joven de su estrato social, mientras Silda lo hará con un pescador, llamado Cleto. Para todo ello intercede el bondadoso padre Apolinar, guardián de los valores tradicionales y que vive para ayudar en su dura vida a los habitantes del barrio pesquero cántabro.

Paseo de Pereda, en Santander

Paseo de Pereda, en Santander

Pero toda esta anécdota es mera excusa, como decíamos, para mostrar la forma de vivir de los pescadores, sus alegrías y tristezas y, sobre todo, sus costumbres, que aparecen fielmente retratadas.

Además, la obra alberga otra cualidad muy interesante: como otras de Pereda, reproduce fielmente el habla santanderina y la jerga peculiar de quiénes se dedican a la mar. Y, en este sentido, pocos han logrado mostrar la vida de su tierra y de sus gentes con mayor perfección.

Podéis leer la obra aquí.

Podéis leer un excelente análisis sobre la novela realista en este artículo sobre Fortunata y Jacinta.

Para leer una biografía de Pereda podéis enlzar aquí.

Fotos: Portada de Sotileza: Costa Quebrada en Flickr | Paseo de Pereda: Phenix en Flickr

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...