‘El licenciado Vidriera’, de Miguel de Cervantes

Cuando un autor logra escribir una obra cuasi perfecta, todas sus restantes creaciones quedan oscurecidas por ésta. Eso es lo que sucede con Miguel de Cervantes y ‘El Quijote’. Tan magna obra ha ensombrecido todo lo demás que escribió. Y, sin embargo, su pluma dió mucho más. Un ejemplo de ello son las ‘Novelas ejemplares’, conjunto de relatos breves de una excepcional maestría, entre los que destaca ‘El licenciado Vidriera’.

Cuando un escritor es capaz de crear una obra maestra, a menudo sucede que el resto de sus creaciones quedan oscurecidas por ella. Sin duda es el caso de Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547-1616), autor de la que, quizá, sea la mejor obra literaria de todos los tiempos –naturalmente, nos referimos al ‘Quijote’-, cuya producción restante ha quedado difuminada tras la sombra de esta magna creación.

Miguel de Cervantes y Saavedra

Miguel de Cervantes y Saavedra

Pero Cervantes escribió mucho más, incluso poesía, para la que no estaba muy dotado, según él mismo reconoció cuando escribía: ‘Yo, que tanto me afano y me desvelo por parecer que tengo de poeta la gracia que no quiso darme el Cielo’.

Y de entre su obra, sin duda una de sus muestras más relevantes son las conocidas como ‘Novelas ejemplares’ (publicadas en 1613), un conjunto de relatos breves agrupados bajo este título, que, por cierto, no alude a su intención moralizante, sino a la tradición de los ‘exemplum’ medievales, es decir, fábulas que se utilizaban como muestra de lo que se quería exponer.

Encontramos entre estas novelitas verdaderas obras maestras. Así la titulada ‘El licenciado Vidriera’, sátira que muestra a un estudiante que se vuelve loco merced a un hechizo.

Tomás Rodaja es un muchacho de once años al que dos caballeros encuentran en Salamanca e, impresionados por su ingenio natural, costean sus estudios hasta que alcanza el grado de licenciado. Una muchacha, pretendiendo que se enamore de ella, paga un hechizo que origina en el infeliz una gravísima enfermedad de la que finalmente se cura, pero, como secuela, le queda una locura que le hace creerse de vidrio. Esta situación provoca que el joven, temeroso de romperse, tome las más absurdas e hilarantes precauciones.

Interpretación escultórica de otra novela 'ejemplar': 'La gitanilla'

Interpretación escultórica de otra novela 'ejemplar': 'La gitanilla'

Como es loco pero no ha perdido su ingenio y sabiduría, todos lo siguen y quedan deslumbrados de su inteligencia. Hasta que, un buen día, Rodaja recupera la cordura y se propone vivir como una persona normal, ejerciendo su carrera. No obstante, su sorpresa es mayúscula cuando descubre que –de cuerdo- nadie le hace el menor caso. Es decir, como loco, era seguido y admirado pero, como cuerdo, pasa desapercibido. La sátira de la sociedad no puede ser más evidente: a los locos los sigue todo el mundo, mientras que a los cuerdos y sensatos nadie les escucha.

Por otra parte, la prosa de la obra es magistral. No desmerece en absoluto a la de su magna obra. Ágil y repleta de rasgos humorísticos, dichos populares y consejas, va narrando la historia del pobre loco con mano maestra.

Fotos: Cervantes: Joseluis bn en Wikipedia | Monumento a ‘La gitanilla’: Zaqarbal en Wikipedia

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