El realismo idealista de Juan Valera

Toda época literaria tiene sus excepciones. Son autores iconoclastas que no siguen las normas en boga y escriben de un modo muy personal. En la etapa del Realismo, uno de ellos fue Juan Valera, quien es considerado una anomalía en ella por el carácter idealista de sus obras. Pero Valera también escribió cuentos más intrascendentes, como El Señor Nichtverstehen, que, además, incluye una interesante moraleja.

Todo movimiento o etapa literaria cuenta con excepciones. Son autores que no se ajustan a las normas que éstos ponen de moda, bien por su carácter iconoclasta, bien porque su estilo es tan personal que no concuerda con ellas ni puede hacerlo. Y, así, aunque se ven influidos por aquéllas, muestran también rasgos propios de otras tendencias.

Juan Valera

Juan Valera

Esto se aprecia claramente en el periodo del Realismo –segunda mitad del siglo XIX- con Juan Valera (Cabra, Córdoba, 1826-1905), a quién la crítica ha llegado a tildar de anomalía literaria por el componente idealista de su narrativa en una época en que primaba la reproducción ‘fotográfica’ de la sociedad.

Fue Valera hombre de vida un tanto ajetreada y brillante. Ejerció la diplomacia por Europa y América, fue diputado a Cortes y alto cargo en la Administración del Estado, todo lo cual le permitió frecuentar los glamorosos salones de la aristocracia y vivir no pocas aventuras sentimentales.

Pero todo ello no le impidió mantener una dedicación literaria fructífera. Novelista tardío –su primera narración extensa, Pepita Jiménez fue escrita en 1874, cuando el autor contaba casi cincuenta años-, sus obras muestran una inclinación por los caracteres femeninos respecto a los cuales evidencia un excelente conocimiento. En efecto, la mujer es tema recurrente en sus narraciones. Además de la obra citada, podemos mencionar Juanita la larga o Genio y figura, cuyas protagonistas son mujeres fuertes y decididas, verdaderas personalidades.


Aludíamos anteriormente al idealismo de Valera y ello requiere una precisión. Cuando hablamos de él, nos referimos a que el cordobés gusta de centrarse más en los estados de ánimo de sus personajes –especialmente las mujeres- que en la pintura de los ambientes en que se mueven éstos. Es decir que, a diferencia de otras obras de la época cuyo objetivo era mostrar un fresco de la sociedad, en las de Valera lo que prima es el interés por sondear los recovecos del alma de sus criaturas.

Casa donde vivió Valera en Madrid

Casa donde vivió Valera en Madrid

Pero nuestro hombre también escribió cuentos de un contenido mucho más trivial y humorístico, como El Señor Nichtverstehen, incluido en su volumen Cuentos y chascarrillos andaluces, en el que viene a ejemplificarse la moraleja de que por muy rico que se sea, la muerte no respeta a nadie y, cuando llega, de nada vale el dinero.

Se trata de un relato –a pesar del tema- con un cierto humorismo irónico y un tono amable. Y en él encontramos esa mezcla de casticismo y prosa elegante tan propia del cordobés que aparenta espontaneidad pero esconde un amplio trabajo de depuración léxica y estilística.

Podéis leer el relato aquí.

Fotos: Juan Valera: Lissethvegamar en Flickr | Casa de Valera: Carlos Viñas en Flickr

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