‘El señor presidente’, de Miguel Ángel Asturias

En los años veinte del pasado siglo, Valle-Inclán inauguró un género -más tarde conocido como “novela de dictador”- con su ‘Tirano Banderas’. Tan excepcional era la fórmula para describir la realidad hispanoamericana que fue seguida por muchos narradores posteriores. Entre ellos, destaca Miguel Ángel Asturias, cuya obra ‘El señor presidente’ asentó definitivamente este tipo de narración, caracterizada por presentar un mandatario absoluto, cruel y tiránico, que es reflejo de la vida de las naciones de América latina, a lo que se añade el componente autóctono con sus ribetes mágicos y surrealistas.

Miguel Ángel Asturias

Miguel Ángel Asturias

A lo largo del pasado siglo XX ha habido grandes corrientes narrativas y excelentes escritores, pero si hay un lugar donde la novela haya producido frutos imborrables, ese ha sido la América latina. Efectivamente, tras la Segunda Guerra Mundial –sobre todo-, confluyen en aquellas tierras los escritores exiliados de España, otros europeos que huyen del nazismo, y retornan, en plena madurez, los hispanoamericanos que, por una causa u otra, han vivido en el viejo continente.

Esta amalgama de talento desemboca en una narrativa que aúna lo indígena y lo cosmopolita. Es el llamado “Realismo mágico”, síntesis de tres elementos fundamentales: de una parte, lo autóctono americano –el mestizaje, la magia ancestral, y la idiosincrasia de los pueblos de la zona–; de otra, las influencias del pasado vanguardismo, que introduce en la literatura la imaginación, lo onírico y el subconsciente; y, en tercer lugar, el cosmopolitismo de unos intelectuales que han conocido la realidad exterior a sus países y que, merced a este distanciamiento, son capaces de analizar con una mejor perspectiva la situación socio-política y cultural de su tierra.

En este contexto, deben situarse las obras de Aguilera Malta, María Luisa Bombal, y, sobre todo de Alejo Carpentier, quién, partiendo de la tesis de que lo maravilloso es consustancial a la realidad hispanoamericana y de que la magia aparece en aquellas tierras de las contradicciones surgidas de la propia realidad –curiosamente, la misma idea que luego defendería García Márquez-, propuso una nueva forma de narrar en ‘El reino de este mundo’.

Al tiempo que éste desarrollaba sus teorías, escribía otro gran modernizador de la narrativa del nuevo mundo e igualmente iniciador del Realismo mágico. Éste no es otro que Miguel Ángel Asturias (Ciudad de Guatemala, 1899-1974). Exiliado político primero y diplomático más tarde, vivó por ello casi siempre fuera de su país y ello le permitió el necesario distanciamiento para comprender la peculiar idiosincrasia de éste, que, por otra parte, no difiere mucho de la de otras naciones del continente. Así, Asturias pone de relieve en sus novelas la síntesis de las culturas amerindia y española, que han producido un original y riquísimo panorama mestizo y autóctono. La calidad de su creación le otorgó el Premio Nóbel de Literatura en 1967.

Esta perspectiva étnica, con su componente mágico, y el compromiso político recorren toda su narrativa, entre la que se encuentran –además de la obra que nos ocupa- ‘Week-end en Guatemala’, ‘El alhajadito’, ‘Mulata de Tal’, ‘El espejo de Lida Sal’, ‘Torotumbo’, y ‘Viernes de Dolores’, entre otras novelas.

‘El señor presidente’, publicada en 1946, aunque iniciada veinte años antes, es un claro ejemplo de la llamada ‘novela de dictador’, género muy común en Hispanoamérica y cuyo claro precedente es el ‘Tirano Banderas’ de Valle-Inclán. Pero la novela de Asturias es, como veremos, mucho más.

El eje central del argumento, que casi es lo menos importante, es la relación entre Camila, hija del disidente general Eusebio Canales, y Miguel Arcángel (o “Cara de Ángel”), protegido del dictador, cuyo favor perderá por ella.

El detonante de la acción es el asesinato del coronel José Parrales a manos de un retrasado. Ello servirá de excusa al tirano para poner en marcha su brutal represión. No le preocupa en absoluto descubrir al criminal. Lo que hace es aprovechar la coyuntura para acabar con Canales, del que sospecha que le traiciona. Miguel permite huir a éste y se casa con Camila. Es lo peor que puede hacer pues el dictador, cuyo poder es absoluto, no sólo sobre haciendas, sino también sobre vidas, ha sido desobedecido y desencadenará toda su furia. Así, Arcángel caerá en una celada y terminará en un campo de concentración, donde es un simple número, símbolo de la pérdida de individualidad a que conducen los gobiernos absolutos, que exigen adhesión inquebrantable al tirano.

En torno a este núcleo, se desarrollan los abusos de poder, las injusticias sociales, la explotación, la corrupción del gobierno y, sobre todo, la violencia. Ésta, con las torturas al pueblo –incluso a los fieles-, se muestran con mayor crudeza aún por el proceso de caricaturización y exageración que lleva a cabo el novelista: los personajes aparecen, en ocasiones, incluso animalizados. Y todo ello contribuye a intensificar ese proceso de despersonalización a que antes aludíamos.

Pero, junto a ello, Asturias introduce el componente étnico: presenta numerosas descripciones de los tipos populares, con su colorido y costumbres y su peculiar lenguaje. También asistimos al sufrimiento de éstos.

Por otra parte, hay que señalar que el novelista ha introducido en su obra un rasgo esencial: el dictador aparece innominado, al igual que el país que rige –suponemos que se trata de Guatemala-. Con esta ambigüedad, Asturias crea un arquetipo de tiranía que sirve para reflejar la situación de cualquier nación sudamericana, pues todas ellas han sufrido regímenes de esa índole, caracterizados por su crueldad y corrupción. El creado por el guatemalteco es un sistema absurdo y surrealista, en el que los ciudadanos son simples monigotes al servicio de los caprichos del dictador.

Vista de Ciudad de Guatemala, cuna de Asturias

Los personajes no están excesivamente perfilados –no hace falta para el mensaje que el escritor intenta transmitirnos-, pero, sin duda, la figura central es “el señor presidente”, figura tiránica y cruel, cuya sola nominación provoca el terror entre sus súbditos, quienes –incluso- llegan a idealizarlo negativamente, atribuyéndole todas las maldades y representándoselo con facciones demoníacas.

Toda la obra, en suma, es un alegato contra la tiranía, sea ésta del color que sea, y una defensa de los derechos humanos. Y el autor no duda en exagerar intencionadamente la realidad para mostrar de forma más palpable sus tesis: como decíamos, exageración y caricatura son dos de las principales armas de que se vale Asturias para hacernos ver la maldad de la situación que expone y, a la vez, denunciar la triste realidad latinoamericana.

Nos encontramos, sin duda, ante una obra excepcional, tanto por su calidad literaria como por su profundo contenido humano. Da gusto ver lo que realmente debe ser un intelectual: aquel que denuncia las miserias y abusos a que está sometido su pueblo, sin esperar por ello el menor reconocimiento e incluso, en ocasiones, afrontando persecuciones y destierros. Tras él vendrán otros que seguirán sus pasos: Carpentier, en ‘El recurso del método’, Roa Bastos, con ‘Yo el Supremo’, etc, que prolongarán esa denuncia de la tiranía.

Lectura de la obra | ‘El señor presidente’ en Librodot

Fotos | M. Á. Asturias Claudio Elias en Wikipedia | Ciudad de Guatemala: Cvander en Wikipedia

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