‘El viejo y el mar’, de Ernest Hemingway

Los integrantes de la ‘Generación perdida’ norteamericana albergaban poca fe en el hombre y una fuerte amargura acerca de la vida. Quizá el caso más notorio de ello sea Hemingway, a pesar de su carácter contradictorio. Su relato ‘El viejo y el mar’ es una pequeña obra maestra que mereció el Pulitzer en 1953 y que exalta la constancia del ser humano.

Hemos insistido en otros artículos en las circunstancias que rodearon a la llamada ‘Generación perdida’ norteamericana. La Primera Guerra Mundial y la Depresión de 1929 dejaron en ellos un poso de amargura y de escasa fe en el hombre. Pero si entre ellos hay uno en el que ello es más notorio, éste es, indudablemente, Hemingway.

Ernest hemingway

Ernest hemingway

Ernest Hemingway (Oak Park, Chicago, 1899-1961), en efecto, participó como chofer de ambulancias en la Gran Guerra, vivió la bohemia parisina de la ‘Belle epoque’ y, de regreso a Estados Unidos, se dio de bruces con la Crisis del veintinueve. Quizá haber presenciado tanto dolor hizo de él un alcohólico. Como quiera que fuese, en 1961, decidió no seguir resistiendo y se suicidó.

Pero la personalidad de Hemingway es un tanto compleja. Con ser cierto todo lo dicho, sin embargo, dista mucho de ser una persona amargada, que se aísla de los demás. Todo lo contrario, era un hombre sociable y amigo de juergas, a quién aparentemente le gustaba disfrutar de la vida. Ahí están, sin ir más lejos, sus estancias en los Sanfermines de Pamplona como ejemplo.

En cambio, los personajes de sus obras suelen ser criaturas perseverantes, que afrontan un mundo absolutamente hostil sin rendirse nunca. Este es el caso de Santiago, protagonista de ‘El viejo y el mar’. Es ésta una novela corta que obtuvo el Premio Pulitzer en 1953.


En ella, se nos presenta al mencionado Santiago, un pescador cubano de edad avanzada, al que acompaña un joven ayudante, Manolín, y que lleva tiempo sin cobrar una pieza. No obstante, jamás decae su ánimo. Con coraje y perseverancia, sale todos los días al mar en busca de una captura. Un día, cobra una pieza enorme, pero, cuando regresa a puerto, los tiburones devoran el pez, dejando solamente la espina, la cabeza y la cola. Pero ellas son suficiente trofeo para que todos reconozcan su triunfo frente a la Naturaleza.

Casa donde se alojaba Hemingway durante los Sanfermines

Casa donde se alojaba Hemingway durante los Sanfermines

Como vemos, se trata de un canto a la constancia y al espíritu de superación. La lucha de Santiago es el combate del Hombre contra las fuerzas que se oponen a su realización vital. Una lucha que, en muchas ocasiones, es en balde, pero que nunca debe abandonarse.

Acorde con su visión pesimista del mundo, el estilo de Hemingway es directo y un tanto seco, despojado de hojarasca retórica. Para reflejar un mundo hostil, que subyuga al Hombre y en el que la violencia y la muerte tienen un papel esencial, no podía ser de otra manera. No obstante, esta sencilla obrita es una auténtica obra maestra.

Fotos: Hemingway: Hermitage17 en Wikimedia | Casa de Hemingway: FlickLickr en Wikimedia

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