‘Hemingway y los grajos de Ronda’, de Miguel Ruiz Trigueros

Heningway ha sido toda una personalidad y por ello no es de extrañar que un hombre como él sea utilizado para ejercer de personaje de las narraciones de sus colegas. Esto es lo que hace Miguel Ruiz Trigueros, un autor novel centrado en escribir relatos breves

La biografía de algunos escritores da para mucho, sobre todo si ha sido tan anárquica, bohemia y trágica como la de Ernest Hemingway. Este magnífico escritor recorrió medio mundo, incluidos los frentes durante la Primera Guerra Mundial, y se bebió el alcohol que cabría en un río. Y, para aumentar su leyenda, terminó suicidándose.

Ernest Hemingway

Ernest Hemingway

Por tanto, no es de extrañar que un hombre como él sea utilizado para ejercer de personaje de las narraciones de sus colegas. Muchas de las anécdotas de su biografía proporcionan argumentos jugosos para una obra literaria.

Y esto es lo que hace Miguel Ruiz Trigueros, un autor novel centrado en escribir relatos breves, en este cuento. ‘Hemingway y los grajos de Ronda’ narra una supuesta estancia del escritor norteamericano en la malagueña ciudad de Ronda, con amago de suicidio incluido.

Samuel Goldstein es un agente de bolsa neoyorquino que utiliza Ronda como refugio para huir del mundo deshumanizado en que vive. En la ciudad malagueña conoce a Hemingway, quién se recoge en ésta para emborracharse a gusto acompañado de muchachas de alterne.


Un día, mientras pasea, encuentra al escritor al borde del puente del Tajo de Ronda –que no tiene nada que ver con el río del mismo nombre, sino que es una profunda garganta que separa el pueblo-, borracho y en actitud de tirarse al vacío. Tras convencerlo, sin mucho esfuerzo, de que no lo haga, mantienen una breve conversación con él acerca del protagonista de su novela ‘El viejo y el mar’ –última gran obra de Hemingway-, un pescador llamado Santiago.

La villa de Ronda, con su 'tajo' o garganta en primer plano

La villa de Ronda, con su 'tajo' o garganta en primer plano

El relato está bien escrito. A pesar del tenue argumento, el autor maneja con corrección el tempo narrativo y las situaciones, alternando diálogo con narración. Pero, a nuestro juicio, le sobran palabras malsonantes. Éstas no están de más cuando la obra lo requiere, pero, la mayoría de las veces –como en este caso- resultan gratuitas e incluso afean el texto.

Da la sensación de que los narradores, al incluirlas en sus creaciones, piensan que, con ellas, ya está conseguido el ambiente de género negro que pretenden. Y esto no es así. El ambiente citado se logra con la presentación de hechos, personajes y escenarios, no colocando palabras malsonantes aquí y allá ni bebiendo alcohol como cosacos.

Este hecho, junto a un argumento sin mucho sentido, estropean –a nuestro juicio- un tanto el relato, que, de otro modo, en estricto sentido literario, no es malo.

Fotos: Hemingway: Arcimboldo en Wikimedia | Ronda: Tsui en Wikimedia

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