‘Una carta de 1920’, la narrativa profética de Ivo Andric

Galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1961, Ivo Andric refleja en sus obras toda la complejidad étnico-social y religiosa de la Yugoslavia que, años después, viviría una brutal guerra civil.

Puente sobre el Drina
La brutal guerra civil que se desató en los Balcanes a finales del siglo pasado no fue sino la consecuencia de muchas décadas de fracasados experimentos políticos, artificios fronterizos que no dejaron contento a nadie y, en suma, de la intromisión de potencias extranjeras que se propusieron organizar el territorio como más les convenía sin tener en cuenta los intereses de sus habitantes.

Porque Yugoslavia fue el resultado de la unión de serbios, croatas, eslovenos y montenegrinos, a los que tras la Segunda Guerra Mundial se añadirían más o menos a la fuerza los bosnio-herzegovinos y los macedonios. La consecuencia fue un conglomerado de razas y religiones que nunca lograron ponerse de acuerdo para conseguir una pacífica convivencia y, en consecuencia, siempre fueron un auténtico polvorín para Europa.

De todo ello sabía mucho el bosnio Ivo Andric (Dolac, 1892-1975), Premio Nobel de Literatura en 1961 y cuyas obras dan buena muestra de la incapacidad de esos pueblos para convivir. Miembro de una organización nacionalista en su juventud, fue encarcelado por los austro-húngaros, a la sazón invasores en Bosnia, durante la Primera Guerra Mundial. Acabado el conflicto, fue diplomático en diversos países para la recién creada Yugoslavia (entre ellos, en España). Finalmente, se retiró a su tierra instalándose en Belgrado, apartado de la vida pública.

Durante la Segunda Guerra Mundial escribió su más famosa trilogía, compuesta por ‘La crónica de Travnik’, ‘La joven señora’ y ‘Un puente sobre el Drina’ y en la que explora la diversidad étnica, cultural y religiosa de su Bosnia natal. Salvo la segunda, presentan un protagonista colectivo que está conformado los distintos grupos sociales que han vivido la historia de aquella tierra desde el siglo XVI hasta el XX.

Idéntico asunto tiene el relato titulado ‘Una carta de 1920’. A partir del encuentro casual con un amigo de la infancia, Andric reflexiona sobre el odio étnico que existe en Bosnia, un territorio «atrasado y pobre» en el que coinciden cuatro religiones que se maldicen entre sí manteniendo una guerra sorda de la que es imposible desentenderse. Porque tarde o temprano quién lo intente será obligado a tomar partido y, de no hacerlo, se convertirá en un extranjero o, peor aún, en un mártir. A la vista de lo que sucedió en Yugoslavia muchos años después de que fuera escrito, no cabe sino calificar a la narrativa de Andric como profética ¿O quizá es que era algo que se veía venir y nadie se molestó en evitar?

Fuente: Biografías y Vidas.

Foto: Julijan Nyca.

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