La Antártida, reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia (I).

No, no se trata del título de una novela, ensayo o monografía dedicada a la Antártida, aunque seguramente se podrán encontrar numerosos estudios dedicados a este tema, mucho más completos y detallados de lo que yo pretendo exponer aquí.

Tan sólo trato de hacer conocer una serie de datos interesantes sobre cómo este territorio, descubierto a principios del siglo XX, fue objeto de confrontación, basada en elementos especulativos y políticos, lo que motivó constantes negociaciones internacionales que culminaron, casi ochenta años después del descubrimiento, en un acuerdo internacional que declaraba ese inmenso territorio como reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia.

Puede ser un ejemplo del largo camino que a veces la comunidad internacional tiene que recorrer para llegar finalmente a un mínimo acuerdo capaz de salvaguardar la propia subsistencia del planeta. Creo, además, que es un tema muy de actualidad, ahora que tanto se discute acerca del cambio climático y la protección del medio ambiente.

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La Antártida tiene una superficie total de 11.900.000 Km2, cubierta de hielo y rodeada de un cinturón marino formado por la conjunción de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico, y situada al Sur de los 60º de latitud Sur.

La Antártida es rica en recursos naturales tanto biológicos como minerales. Las extremas condiciones meteorológicas reinantes, que han mantenido un medio ambiente prácticamente virgen, hacen de ella un inmenso laboratorio natural, de extraordinario valor para la investigación. Pero, y por ahí empezaron los problemas, también posee un indudable valor energético, como fuente de recursos mineralógicos, y cierto valor estratégico que ha interesado especialmente a los Estados con intereses militares en la región.

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A partir de 1908, Argentina, Australia, Chile, Francia, Nueva Zelanda, Noruega y Reino Unido, que habían establecido bases en la Antártida, empezaron a reclamar derechos de soberanía territorial sobre determinadas partes de la misma, invocando diversos títulos: Noruega alegó el descubrimiento y toma de posesión de la Antártida, el 14 de diciembre de 1911, por parte del noruego Roald Amundsen, que llegó al Polo Sur; Francia y Australia también alegaron la ocupación del territorio; etc.

Aquí surgieron las primeras divergencias en cuanto a la posibilidad o no de reclamar la soberanía sobre la Antártida: un sector doctrinal negaba cualquier pretensión de soberanía sobre los espacios polares, mientras que otros sectores defendían otros criterios o títulos de adjudicación, como la proximidad o la contigüidad.

A comienzos de la década de los 50 del pasado siglo, a esas controversias territoriales vinieron a añadirse otros factores de confrontación de distinto signo: las rivalidades entre EEUU y la Unión Soviética, con el telón de fondo de la guerra fría; las diferencias entre los Estados con intereses pesqueros (Japón, Polonia y la Unión Soviética) y los Estados que carecían de aquéllos, y la oposición entre los Estados deseosos de explotar determinados recursos (EEUU y la Unión Soviética) y los Estados interesados en conservarlos.

Partiendo de la situación expuesta, comenzará la convocatoria de las sucesivas conferencias internacionales para tratar de dar solución al contencioso sobre la Antártida. El largo camino de la negociación se iniciará en 1958, mediante una reunión internacional convocada por D. D. Eisenhower, a la sazón presidente de los EEUU, con la intención de concluir un Tratado internacional aplicable a ese espacio polar.

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