La labor titánica de Emile Zola

Tras la ingente obra de Balzac, en la literatura francesa apareció otro monstruo : Emile Zola. Aplicando métodos científicos de observación a la literatura, Zola se propuso dar forma a la historia de una familia francesa durante los años del Segundo Imperio. Esta suerte de novela-río de veinte volúmenes fue bautizada como La saga de los Rougon-Macquart y Germinal constituye la décimo tercera entrega. Nos cuenta las vicisitudes de un conflicto minero en la zona norte de Francia, que da lugar tanto a traiciones como a conductas ejemplares. Todo ello presidido por la objetividad del método patrocinado por el autor.

 

Cuando la admiración de los franceses por el ingente trabajo literario de Balzac, con su Comedia humana, todavía no se había extinguido, un nuevo titán de las letras iba a hacer su aparición. En 1871, vería la luz La fortuna de los Rougon, primera entrega de una obra descomunal, no solamente por su envergadura, sino por la labor de documentación que requeriría de su autor, un joven entonces desconocido y que respondía al nombre de Emile Zola.

Emile Zola

Emile Zola

Hasta esos momentos, Zola (1840-1902) se había dedicado al periodismo con mediocre fortuna. De hecho, el reconocimiento del publico tardaría en llegarle todavía unos años –el de los críticos, al menos de forma unánime, nunca lo tendría- . Y es que este autodidacta fue tanto un sociólogo como un narrador que aportaría una nueva forma de novelar.

Partiendo de la aplicación de las teorías filosóficas positivistas de Comte Taine y de las ciencias experimentales en boga, que defendían el determinismo biológico y del medio social en las personas, se propuso realizar un retrato certero de la sociedad francesa de la época y de las causas de que fuera de ese modo, sin retroceder para ello ante lo desagradable e incluso lo soez.

Para aplicar su método -al que había denominado Naturalismo-, como cualquier científico, se desplazaba a todas partes –desde los salones hasta los mercados o los burdeles-, libreta en mano, para tomar notas acerca de la conducta del individuo. Y todo ello lo volcaba en sus narraciones.


Así nace Los Rougon-Macquart, Historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio, un vasto mosaico compuesto por veinte novelas, diez mil páginas y unos doscientos personajes, que narra, a modo de una amplísima novela-río, el devenir de la familia de ese nombre –dividida en dos ramas: la de los Rougon, legítimos, y la de los Macquart, bastardos- durante los años que se extienden durante el Imperio del segundo Napoleón.

Germinal, publicada en 1885, es la décimo tercera entrega de la serie y, con toda probabilidad, una de las mejores. Narra los sucesos acontecidos durante una huelga de mineros de una región del norte de Francia. La familia Matheu y el joven Etienne Lantier, descendiente de los Macquart, son los cabecillas. El devenir del conflicto y su trágico desenlace hacen de la obra una denuncia de los excesos de la naciente Revolución Industrial, con su explotación del hombre en aras del beneficio fácil.

Aix-en-Provence, donde el escritor vivió en su infancia

Aix-en-Provence, donde el escritor vivió en su infancia

Pero la obra es también la muestra de la degeneración de unos personajes, marcados por un trabajo brutal que lo condiciona todo –no solamente a los obreros, sino también a los patronos-, y de su fácil caída en el alcoholismo y la traición en propio beneficio. Todo ello para huir de una vida mísera a la que no ven salida.

Zola, acorde con su teoría, ejerce el papel de narrador objetivo, ajeno a los hechos –si es que esto es posible-, erigiéndose en una especie de transmisor de una realidad social lamentable. Pero, por encima de todas las escenas desagradables que pudieran darse, se eleva su pluma de gran novelista.

Puedes leer la obra en esta web

Fotos: Emile Zola: Le Chateau d’Eau en Flickr | Aix-en-Provence: Allie_ Caulfield en Flickr

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...