‘La Regenta’, de ‘Clarín’

La narrativa siempre ha sido el género literario más popular. Y el periodo por excelencia de apogeo de la misma fue la segunda mitad del siglo XIX. En España, contamos entonces con una gran generación de novelistas -Galdós, Pereda, Pardo Bazán y, por supuesto, ‘Clarín’. Éste es autor de ‘La Regenta’, considerada una de las obras maestras de la narrativa universal, que cuenta el adulterio de una joven provinciana en el marco de una sociedad opresiva e intrigante.

La narrativa es, probablemente, el género literario que goza de mayor popularidad y aceptación por parte de los lectores. Con mayor o menor calidad, casi siempre se ha impuesto al teatro y, por supuesto, a la poesía, minoritaria por su propia esencia.

Leopoldo Alas Ureña, 'Clarín'

Leopoldo Alas Ureña, 'Clarín'

Pero, si hay un periodo en el que esta supremacía ha sido clamorosa, éste es la segunda mitad del siglo XIX. En esta época, tanto los gustos estéticos como los sociales se volcaron en el género. Un público ávido de historias devoraba las entregas que se publicaban en periódicos y revistas a modo de los fascículos de hoy en día. E, igualmente, es el periodo por excelencia del realismo literario, es decir una corriente estética que propugnaba la representación objetiva de la realidad.

Así, el narrador se convierte en cronista de la sociedad, mostrando, como en una fotografía, lo que ella ofrece. No obstante, de inmediato debemos señalar que esto no puede tomarse literalmente, ya que el novelista no deja de ser una persona y, por tanto, es inevitable que intervenga su subjetividad, las sensaciones y la opinión que le produce lo que ve.

En España, la época del realismo constituye una auténtica ‘edad de oro’ de nuestra narrativa: en ella coinciden autores de la talla de Pereda, Galdós, Pardo Bazán, Palacio Valdés, Valera o Blasco Ibáñez, todos ellos con una importantísima producción tanto en cantidad como en calidad. Y, por supuesto, ‘Clarín’.

Leopoldo Alas Ureña (Zamora, 1852-1901), que adopto el pseudónimo de ‘Clarín’ para escribir crítica literaria, sería ya conocido para siempre con él. Profesor universitario, krausista y de ideas avanzadas, escribió un gran número de cuentos, artículos, un drama de escaso éxito –‘Teresa’– y dos novelas, ‘La Regenta’ y ‘Su único hijo’.

Universidad de Oviedo, de la que 'Clarín' fue Catedrático

Universidad de Oviedo, de la que 'Clarín' fue Catedrático

‘La Regenta’, publicada en dos partes, en 1884 y 1885 respectivamente, es una de las novelas cimeras, no sólo de la literatura española, sino de la universal. Su carácter satírico de una ciudad provinciana, a la que llamó Vetusta, pero tras la que todos vieron a Oviedo, levantó tal revuelo que le costó a su autor incluso una pastoral del obispo de la diócesis, Martínez Vigil.

En la obra se nos presenta a Ana Ozores, que, tras una infancia desgraciada, se ha casado con el ex-Regente de la Audiencia, don Víctor Quintanar, mucho mayor que ella. Es una mujer idealista y soñadora cuya vida en Vetusta le resulta opresiva por su carácter provinciano, sus chismes y su maledicencia. Se aburre mortalmente y se ahoga en esa atmósfera. Su único consuelo es la religión y sus charlas con el Magistral de la catedral, don Fermín de Pas, un apuesto joven que controla incluso al obispo.

Por otra parte, don Álvaro Mesía, un don Juan maduro y provinciano, pretende a la Regenta por puro apetito sexual y como un trofeo para su galería. Cuando el Magistral se da cuenta de que está enamorado de Ana, estalla la rivalidad entre ambos. Así, ya tenemos el triángulo principal de la obra: de una parte, la Regenta, y, de otra, Álvaro y don Fermín, que pugnan por seducirla.

Una portada del tomo II de 'La Regenta'

Una portada del tomo II de 'La Regenta'

Ana intenta por todos los medios resistirse a las pretensiones del galán y desconoce las del clérigo, pero su vida vacía y las artimañas del experimentado don Álvaro terminarán haciendo que sucumba. Cuando su bondadoso marido –entre las maledicencias de Vetusta, que hace todo lo posible porque la Regenta caiga– se entera del adulterio, no sabe qué hacer. Pero, al fin, hombre del Romanticismo, acaba retando a duelo al galán, con la pretensión de solamente herirlo, para darle un escarmiento. Así lo hace, pero cuando le toca disparar a Mesía, que es un cobarde, éste hiere de muerte a don Víctor.

Cuando Ana se entera de lo sucedido, cae enferma de nervios. Álvaro, para evitar problemas marcha a Madrid. Mientras, toda la aristocracia de la ciudad, que había hecho todo lo posible por ver caer a la Regenta, ejerciendo de alcahuetes, la repudia. Tan sólo ‘Frígilis’, el amigo íntimo de don Víctor, se preocupa de ella y la cuida. Pero a Ana tan sólo le queda el refugio en la religión y va a ver al Magistral. Cuando se acerca a él, éste hace ademán de golpearla con cara de asesino y ella cae desmayada. Entonces, Celedonio, el deforme campanero, aprovecha para besarla, en un símbolo de la degradada situación en que ha caido la antes aristócrata Regente.

Pero, con ser esta trama la principal –a nuestro juicio- la verdadera importancia de la obra reside en que es la novela de todo un pueblo, de Vetusta: todas sus clases sociales aparecen retratadas y el autor fustiga sin piedad a los estamentos elevados: el clero, la aristocracia decadente, la nueva clase adinerada, aparecen retratados como agentes del vencimiento moral y la caída de Ana. Se critica su frivolidad, sus envidias, los manejos políticos y del clero, sus chanchullos económicos, etc. Tal es el grado de claridad del relato que algunos críticos han creído incluso identificar a personas reales entre los personajes.

Monumento a Ana Ozores, en Oviedo

Monumento a Ana Ozores, en Oviedo

No obstante, ‘Clarín’ no sólo deseaba satirizar a la ciudad donde él vivía, sino que –a nuestro modo de ver- intentaba presentar una visión de cualquier ciudad de provincias de la España de su época.

Formalmente, la obra no es menos prodigiosa. El autor va narrándonos las aventuras y desventuras de la Regenta y la ciudad con una prosa amena, en la que no faltan rasgos irónicos y humorísticos, con una construcción estructural perfecta. En este sentido, ‘Clarín’ se adelanta a su tiempo al incluir recursos que no se volverían a ver hasta más tarde con las obras de Joyce y sus coetáneos. Así, por ejemplo, la técnica del monólogo interior, que el autor utiliza para representar las angustias y dudas de Ana. Consiste este en transcribir de forma literal el desordenado fluir de los pensamientos, de la conciencia, de un personaje y Alas lo hace de forma magistral, alternándolo con el estilo indirecto libre.

De entre el vasto mosaico de personajes que nos presenta, lógicamente, los más perfilados y en quienes más se profundiza son Ana, Fermín y Álvaro. Ella es una joven que ha llevado una vida desgraciada y cuyo carácter idealista y cuasi místico hacen que se ahogue en Vetusta. El Magistral, por su parte, es un hombre ambicioso -manipulado por su no menos avariciosa madre, doña Paula-, sin ninguna vocación y que cae rendido a los pies de Ana. Pero, quizá el que sale peor parado sea Álvaro, un hombre frívolo y manipulador, cobarde y no muy inteligente, que sólo persigue a la Regenta como un trofeo, sin importarle las consecuencias que sus actos puedan tener para los demás.

Pero, en lo que a personajes se refiere, quizá el mayor mérito del autor estribe en el amplísimo e inolvidable conjunto de secundarios que nos presenta: los Vegallana, el citado ‘Frígilis’, Pepe Ronzal, la criada Petra, son algunos de los mejor perfilados.

En suma, nos encontramos ante una obra maestra, de aquellas en que, por muchas veces que se lean, siempre se les encuentra un sentido o un significado nuevo. En ella, podemos pasar de la sonrisa abierta a la tristeza en unas pocas líneas. Sin duda, es una novela que debe figurar entre las lecturas de todo aquel al que le guste la literatura.

Fotos: ‘Clarín’: Museo8bits en Wikipedia | Universidad de Oviedo: Sitomon en Wikipedia | Portada: tomada de Iberlibro | Monumento a Ana Ozores: Rsg en Wikipedia

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