‘Monstruos parisinos’, de Catulle Mendés

Un retrato de la bohemia artística de la capital francesa escrito con un estilo refinado y brillante, puramente parnasiano.

Gargola Paris

En las últimas décadas del siglo XIX, París hervía de vida artística y, lo que suele ir aparejado con ello, de bohemia. En lo que respecta a la poesía, era el momento de apogeo de los parnasianos de Théophile Gautier y Charles Leconte de Lisle, una corriente nacida como reacción a los excesos del Romanticismo que propugnaba una lírica más despersonalizada y de profundos valores sensoriales sobre temas extraídos de la antigüedad clásica y del propio Arte.

En esta corriente, así llamada porque publicaron sus antologías con el título de ‘El Parnaso contemporáneo’, se integraban, además de los citados, José María Heredia, Sully Proudhomme (Premio Nobel de Literatura en 1901), Théodore de Banville, Albert Merát y Catulle Mendés.

Nacido en el seno de una familia de banqueros, no era la poesía el destino esperado para Catulle Mendés (Burdeos, 1841-1909), aunque su abuelo era un gran aficionado a la literatura clásica (de ahí el nombre del escritor, “Catulo”, como el poeta latino). En cualquier caso, Mendés se instaló en París en 1859 dispuesto a triunfar en las letras. Comenzó a darse a conocer en ellas al publicar, cuatro años después, su primer poemario titulado ‘Philoméla’. A éste seguiría el libro de relatos ‘Historias de amor’, varios volúmenes de versos, la novela ‘Las madres enemigas’, algunos dramas como ‘Justicia’ y otras muchas obras. Pero, además, Mendés se erigió en una suerte de historiador del Parnasianismo en particular (con libros como ‘La leyenda del Parnaso contemporáneo’) y del París artístico en general.

A ésta última intención responde ‘Monstruos parisinos’, un verdadero retrato de la bohemia de la capital francesa en su época. Por sus páginas circulan aristócratas, actrices, escritores y artistas en general que hicieron del placer su forma de vida. Mendés va describiendo las criaturas de ese mundo, conectadas entre sí por la atracción que sobre ellas ejerce el deleite un tanto perverso y, si bien trata de distanciarse mediante la ironía, también termina sucumbiendo a su magnetismo.

El autor presenta ese universo con una prosa cuidada, de un refinamiento sólo atribuible a su adscripción al Parnasianismo y su exquisito uso de las palabras. En 1909, Mendés fue hallado muerto en uno de los túneles del ferrocarril de París. Algunos de sus biógrafos creen que se suicidó pero otros apuntan a que se trató de un accidente. En cualquier caso, su muerte fue muy sentida en los cenáculos artísticos de la capital de Sena.

Vía: IES Xunqueira.

Foto: D_P_R

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