‘Reginald’, de Henry Hugh Munro, «Saki»

El personaje, profundamente caricaturesco, ha pasado al acervo popular como prototipo del petimetre vacuo, superficial y no tan ingenioso como él mismo se cree.

Imagen de una mansión británica
Es fácilmente comprobable -aún hoy en día- que las clases altas británicas han poseído siempre una serie de rituales y modos de comportamiento un tanto absurdos y anacrónicos. Sin embargo, también es cierto que los ingleses saben reírse de sí mismos como pocos lo hacen. Por ello, los escritores que han satirizado estas conductas han logrado siempre bastante éxito.

Buena prueba de ello es el obtenido por Henry Hugh Munro (Akyab, Birmania, 1870-1916), conocido para las letras como «Saki», especialmente con sus relatos breves, que muchos comparan con los de Óscar Henry y Dorothy Parker y que describen con cáustico sentido del humor esas conductas de la aristocracia británica.

Criado por unos parientes puritanos en Gran Bretaña, Saki decidió seguir los pasos de su padre y alistarse en la policía colonial birmana –como George Orwell– pero contrajo la malaria y se vio obligado a regresar a Inglaterra. Fue entonces cuando comenzó a escribir para varias revistas satíricas al tiempo que realizaba tareas de corresponsal para el ‘Morning Post’ en los Balcanes, Rusia, Polonia y Francia. Precisamente, el primer libro que publicó fue una obra histórica acerca del Imperio Ruso. Sin embargo, no era ese su camino sino el de la literatura de humor. Comenzó así una trayectoria que fue posteriormente muy admirada por Jorge Luis Borges, quién lo comparaba con Thackeray y Kipling y que dijo de él: «Con una suerte de pudor, Saki da un tono de trivialidad a relatos cuya íntima trama es amarga y cruel. Esa delicadeza, esa levedad, esa ausencia de énfasis puede recordar las comedias de Wilde».

‘Reginald’ fue su primer relato, en 1904, y su éxito provocó que escribiera una secuela, ‘Reginald en Rusia’. El protagonista, que da título a la obra, es un verdadero petimetre que recorre los salones de la aristocracia británica deslumbrando a todos con sus ocurrencias. Nadie está a salvo de su viperina lengua y acumula víctimas de todo tipo, desde la dama que no sabe montar a caballo hasta los parientes cursis que lo invitan a cenar en Navidad.

Con un humor negro genuinamente inglés, el escritor se burla sin piedad de las clases pudientes y alcanza momentos verdaderamente cómicos. De hecho, Reginald ha quedado como prototipo del personaje ingenioso y vacuo que tanto abundaba en las mansiones de la aristocracia. Sin duda, se trata de un relato que aún hoy, pese al tiempo transcurrido, se lee sin poder evitar la risa.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Ell Brown.

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