‘Últimas tardes con Teresa’, de Juan Marsé

El realismo ha pervivido a lo largo de la historia literaria. En los años cincuenta del siglo XX, se desarrolla bajo la forma de ‘realismo social’, basado en el realismo soviético y con intención crítica. En este contexto se publica ‘Últimas tardes con teresa’, primer éxito editorial de Juan Marsé y que retrata su visión de la sociedad barcelonesa.

La fórmula narrativa del realismo ha perdurado, con mayor o menor fortuna, a lo largo de toda la historia literaria. Bien es cierto que ha sufrido altibajos. Hay periodos en que se abandona para orientarse por caminos experimentales o idealistas, pero, tras éstos, siempre reaparece, más o menos adaptado a los tiempos.

Portada de 'Últimas tardes con Teresa'

Portada de 'Últimas tardes con Teresa'

Concretamente, los años cincuenta del pasado siglo XX son testigos, en lo que a la novela se refiere, del llamado ‘realismo social’, una forma de narración basada en las corrientes del realismo soviético, en la que los autores –a través de la representación de la sociedad- pretendían mostrar su crítica a la misma y, en muchos casos, adoctrinar políticamente. A consecuencia de ello, la calidad de las obras se resentía en muchas ocasiones. No obstante, también hubo obras de buena factura.

En este contexto se inscribe, aunque fue publicada en 1966, ‘Últimas tardes con Teresa’. Juan Marsé (Barcelona, 1933), su autor, presenta una biografía bastante curiosa. Autodidacta, hasta poder vivir de la literatura desempeñó varios oficios (incluso trabajó como mozo de laboratorio en el Instituto Pasteur, de París).

‘Últimas tardes con Teresa’ constituyó su primer éxito editorial. Es un retrato de la sociedad barcelonesa de la época, a través de dos mundos enfrentados, el de la alta burguesía y el de las clases bajas. Manolo Reyes, apodado ‘el Pijoaparte’, es un proletario poco amigo del trabajo que, de vez en cuando, roba motos y cuya única aspiración es conseguir prestigio social de forma rápida.


Para ello, aprovechando su atractivo físico, se introduce entre las jóvenes universitarias de clase alta, aparentando ser uno de ellos, y conoce a Maruja, pero ésta trabaja como sirvienta y no le interesa. En quién de verdad se fija es en la joven de la casa donde Maruja está empleada, Teresa, una niña bien y mal criada, con ínfulas de rebelde, a través de la cual el joven cree poder lograr el anhelado prestigio.

Instituto Pasteur, donde trabajó Marsé

Instituto Pasteur, donde trabajó Marsé

Como vemos, las clases altas no salen bien paradas, pero el representante del pueblo, ‘el Pijoaparte’ tampoco resulta muy digno. Marsé no muestra simpatía por ninguna de ellas.  A lo largo de la obra asistimos a las salidas y diversiones de los jóvenes, sus relaciones y costumbres. Y presenciamos la vida tanto en los barrios de clase alta como en los de clase baja.

El narrador se distancia con el uso de la tercera persona, aunque, en ocasiones utiliza la técnica del monólogo interior, y la narración es básicamente lineal. Por tanto, nos hallamos ante un relato realista, escrito con un estilo bastante tradicional. Y, sin dudar de sus calidades literarias, sentimos decir que nos parece bastante aburrido.

Fotos: Portada: tomada de El Corte Inglés | Instituto Pasteur: Luca Borghi en Wikipedia

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