La Esfera de los Libros publica ‘La Academia se divierte’, de Sebastián Moreno

Aunque la Real Academia Española de la Lengua pasa por ser una institución donde doctos intelectuales debaten acerca del idioma, también en ella han ocurrido no pocas anécdotas y algunas intrigas provocadas por bajas pasiones. Todo ello lo relata Sebastián Ordóñez en ‘La Academia se divierte’.

La Real Academia Española de la Lengua

Sede de la Real Academia Española de la Lengua

Cuando pensamos en la Real Academia Española de la Lengua, la imagen que se nos viene a la cabeza es la de unos doctos y serios eruditos que trabajan en pro del idioma hispano. Sin embargo, puesto que está constituida por personas, no faltan en ella las bajas pasiones inherentes a toda agrupación humana y, sobre todo, multitud de anécdotas y situaciones cómicas. Por tanto, no es malo que, cuando se halla próximo su tercer centenario, tan relevante institución sea un poco desmitificada.

Y esto es lo que ha hecho el periodista Sebastián Moreno en ‘La Academia se divierte’, que ahora nos trae como novedad el sello La Esfera de los Libros.

Moreno lleva treinta años haciendo información cultural y, gracias a ello –y a un año y medio de investigación en diferentes archivos-, ha podido elaborar este libro, cuya finalidad es, precisamente, “evitar que el lector común siga creyendo que un académico es un tipo muy aburrido, al que nada le afecta”. Sin olvidar a los amigos escritores que le han facilitado no pocas anécdotas e historias. El criterio que el autor ha seguido para seleccionar todo este material ha sido, en sus palabras, “el de la amenidad y el interés. Ha habido académicos tan importantes como aburridos y otros muy divertidos. Yo he preferido la divulgación y el entretenimiento para captar el interés del lector”.

Así, por ejemplo, ha soslayado a Marcelino Menéndez y Pelayo, “un sabio de vida demasiado convencional”. Sin embargo, en el libro menciona las intrigas que tuvo que soportar Camilo José Cela para ser elegido o cómo Azorín, al ser rechazado como académico, trató de crear, apoyado económicamente por Blasco Ibáñez, una Academia paralela. Y ello por no mencionar a escritores que no deseaban entrar en ella porque creían que era gafe (es el caso de Jacinto Benavente).

Tampoco ha estado exenta de polémicas la institución. El siempre original Valle-Inclán la comparaba con sus “esperpentos” y Unamuno denostaba sin piedad sus diccionarios. Incluso dedica Moreno un capítulo al machismo de la Academia: según él, frente a casi quinientos miembros masculinos, tan sólo ha habido siete mujeres y, entre las que en su momento fueron rechazadas, se hallan nada menos que Emilia Pardo Bazán, Concha Espina o María Moliner. Sin duda, se trata de una obra muy interesante y amena que, además de arrancarnos más de una sonrisa, contribuirá a desmitificar tan sesuda institución.

Fuente: ‘El Cultural’.

Foto: Adalberto H. Vega.

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