Minúscula publica la correspondencia entre Rilke, Pasternak y Tsvietáieva

La Editorial Minúscula publica las cartas que se enviaron a tres bandas el gran poeta Rainer María Rilke, el Premio Nobel Boris Pasternak y la poetisa Marina Tsvietáieva. Se trata de un extraordinario y conmovedor documento literario que nos muestra la admiración de los más jóvenes por el germano y el magisterio de éste sobre aquéllos.

Leyendo las cartas que los grandes escritores se envían entre sí, puede aprenderse mucho respecto a su vida y su obra. Pero, sobre todo, algo que no viene en las biografías al uso: conocer de su propia pluma sus inquietudes y carácter. Por ello, siempre es buena noticia que se publiquen estas misivas y, si se refieren a uno de los grandes poetas del siglo XX y a un Premio Nobel, mucho mejor.

Rilke escribió sus célebres 'Elegias' en el castillo de Duino

Rilke escribió sus célebres 'Elegías' en el castillo de Duino (en la foto)

Es el caso del libro que ha publicado la Editorial Minúscula con el título ‘Cartas del verano de 1926′, que contiene la correspondencia a tres bandas entre Rainer María Rilke, Boris Pasternak y Marina Tsvietáieva.

El poeta germano había visitado Rusia en 1900 y confraternizado con el padre de Boris, el famoso pintor Leonid  Osípovich Pasternak. Ya mayor, el autor de ‘Doctor Zhivago’ reanudó este contacto por correspondencia y a ella se unió la poetisa Marina Tsvietáieva a causa de su admiración por Rilke. De este modo, se estableció un contacto entre los tres donde se aprecia claramente el papel de ídolo que para los más jóvenes tenía el gran lírico germano (por cierto, éste moriría a fines de 1926) y el enamoramiento en la poesía que, desde la distancia, surgió entre Pasternak y Tsvietáieva.

En buena lógica, las cartas más emotivas son las de estos dos últimos. Las enviadas por Rilke son más mesuradas, como si el maestro quisiera moderar la admiración que le llega a raudales por parte de sus colegas más jóvenes.

Tras la muerte del autor de las ‘Elegías de Duino’, la relación entre sus discípulos iría enfriándose. Tsvieráieva se suicidó en 1941 al volver a Rusia ante la represión estatal y Pasternak murió unos años después, sumido en la depresión que le causó no poder ir -por orden de las autoridades soviéticas- a recoger el Premio Nobel. Pero siempre nos quedarán sus cartas como testimonio de admiración poética y como un extraordinario y conmovedor documento literario.

Fuente: ‘El Cultural’.

Foto: Ho visto nina volare.

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