Barataria recupera a Herman Melville con ‘Yo y mi chimenea’

Entre los pioneros de la literatura estadounidense, Herman Melville sobresale por su calidad pero también por lo simbólico de muchos de sus relatos. Así sucede con ‘Yo y mi chimenea’, ahora recuperado por Barataria Ediciones, un cuento plagado de humor y que critica las convenciones modernas tendentes a uniformarlo todo.

La literatura estadounidense, al igual que el propio país, tiene una historia mucho más corta que la de otras naciones como Inglaterra, España o Francia. Sin embargo, cuenta con no pocas figuras brillantes, comenzando por sus pioneros Washington Irving, Nathaniel Hawthorne, James Fenimore Cooper, Edgar Allan Poe, Walt Whitman o Ralph Waldo Emerson.

Una enorme chimenea protagoniza el relato

Una enorme chimenea como la de la foto protagoniza el relato

Pero, junto al citado Poe, una de sus figuras iniciales más enigmáticas  y creador de una obra absolutamente moderna es Herman Melville (Nueva York, 1819-1891), mundialmente conocido por su ‘Moby Dick’ pero también autor de peculiares relatos breves.

Ahora, Barataria Ediciones recupera uno de ellos, ‘Yo y mi chimenea’, una novela corta que oculta mucho más de lo que dice abiertamente o, dicho con otras palabras, tiene un profundo contenido simbólico. Un viejo granjero que acostumbra a fumar en pipa sentado ante la enorme chimenea de su casa recibe todo tipo de presiones, no sólo por parte de su esposa e hijas, sino incluso de sus vecinos y de los constructores para que la derribe y reforme su casa con un estilo más práctico. Ciertamente, es tan grande que toda la vivienda parece haber sido construida en torno a ella pero el anciano, poco amigo de los cambios, se resiste a acometer la obra argumentando que, sin su chimenea, la casa se vería privada de su carácter y él perdería a lo único que le hace compañía en sus tardes de pipa.

El relato, que parece no contar nada especial, viene a ser un alegato contra las convenciones modernas –no sólo las constructivas sino las de la vida cotidiana- que imponen su uniformidad a todo. Melville ya había utilizado el simbolismo en otros relatos. Recuérdese su ‘Bartleby el escribiente’, acerca de un oficinista que, pese a desempeñar su trabajo, se niega sistemáticamente a hacer lo que su jefe le demanda.

Como puede suponerse a la vista del tema de ‘Yo y mi chimenea’, el humor está muy presente en la obra y es inevitable para el lector simpatizar con el viejo granjero al que todos –incluso su familia- se empeñan en estropear sus solitarias tardes de pipa. No es casual que muchos de los textos de Melville fueran poco apreciados en su tiempo. Su carácter simbólico les confiere una gran modernidad y sería ya en la década de 1920 cuando comenzarían a ser rescatados y apreciados por crítica y público. En este caso, nos hallamos ante una pequeña obra maestra.

Fuente: Online Literature.

Foto: Toprural.

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