Alfonso el Casto, Juan Eugenio Hartzenbusch retrata a un rey incestuoso

Una de las fuentes predilectas de los escritores románticos es la Historia y, muy especialmente, la época medieval. Sus pasajes trágicos y sus leyendas casan como un guante con los gustos de la época. Y en ella se basa Juan Eugenio Hartzenbusch para su drama Alfonso el Casto, que muestra una pasión incestuosa.

La Historia ha sido siempre fuente de inspiración para la Literatura pero durante la etapa romántica se convirtió en base primordial para los argumentos de muchas obras. Ello se debe, en buena medida, a la incomodidad del intelectual de la época ante la sociedad en que vive y su consiguiente deseo de evasión. Pero también a la irrupción de las conciencias nacionales que buscan en la propia tradición los pilares sobre los que apoyarse.

En España y en lo que al teatro se refiere, todos los autores sin excepción presentan obras basadas en el rico pasado nacional. Desde José Zorrilla hasta el duque de Rivas, pasando por Antonio García Gutiérrez o Francisco Martínez de la Rosa, no hay escritor que no haya revivido anécdotas del acervo histórico en sus creaciones. Y, aunque se buscan temas en todas las épocas, la Edad Media es una de las predilectas.

Foto de la Biblioteca Nacional de España

Una vista de la Biblioteca Nacional de España, de la que Hartzenbusch fue Director

Así lo hace también Juan Eugenio Hartzenbusch (Madrid, 1806-1880) en su obra ‘Alfonso el Casto’ y ello no es de extrañar, pues ese periodo abunda en situaciones dramáticas y pasiones anormales que casan a la perfección con los temas predilectos de la tragedia entendida en el sentido aristotélico del término.

Hartzenbusch, que había sido ebanista en su juventud y que alcanzó el cargo de Director de la Biblioteca Nacional, ya había tomado como argumento para sus obras asuntos de la época medieval en ‘Los amantes de Teruel’, basada en la leyenda de los amores de Isabel y Diego, estorbados por sus familias, en lo que constituye una suerte de ‘Romeo y Julieta’ a la española, y volvería a hacerlo en ‘La jura en Santa Gadea’, acerca de un episodio de la vida del Cid Campeador.

Y, entre medias, lo hizo para el drama ‘Alfonso el Casto’, estrenado en 1841.Ambientada en el Oviedo de la Reconquista, muestra la pasión incestuosa del Rey por su hermana Jimena. Ésta ama a Sancho Saldaña y de su unión nacería el mítico Bernardo del Carpio, protagonista de muchos romances. Pero Alfonso, carcomido por su nefanda pasión, persigue sin tregua al noble. Sin embargo, Hartzenbusch suaviza el final de la historia que en la realidad es mucho más cruel.

Quizá ello se deba al deseo de encajar con los gustos del público pero, en cualquier caso, la gradación que el escritor hace de la pasión de Alfonso II es excelente hasta que, al final, confiesa sus verdaderas y turbias inclinaciones. Inevitablemente sujeta a los gustos románticos, la obra sin embargo presenta una muy buena factura dramática.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Isla Bahía.

Foto: Alvy.

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