Corona de amor y muerte, incursión de Alejandro Casona en el teatro histórico

Alejandro Casona fue un excepcional dramaturgo cuyas cualidades se vieron oscurecidas por la gran talla de la Generación del 27. Si hubiera nacido en otro tiempo, su resonancia habría sido mayor. En Corona de amor y muerte nos presenta un drama histórico inspirado en la leyenda de doña Inés de Castro.

La extraordinaria calidad lírica de la Generación del Veintisiete, con poetas de la talla de Federico García Lorca, Vicente Aleixandre o Pedro Salinas, por citar tan sólo a algunos de ellos, tuvo una consecuencia inesperada: la de que otros excelentes escritores coetáneos resultaran un tanto oscurecidos.

Ello es inevitable. Cuando coinciden en el tiempo tan geniales poetas, absorben casi por completo la atención de la crítica y otros autores –aunque cultiven géneros distintos- reciben menos elogios de los que en otra circunstancia hubieran acaparado.

Foto del valle de Arán

Una hermosa vista del valle de Arán, donde Casona trabajó como inspector de Enseñanza

Esto es lo que le sucedió, en cierta medida, a Alejandro Rodríguez Álvarez (Besullo, Asturias, 1903-1965), conocido en la historia del teatro como Alejandro Casona, excepcional dramaturgo en quién, por otra parte, se da el hecho tan frecuente en la literatura de haber alcanzado unánime éxito de público pero no de crítica.

Y es que, si los espectadores llenaban los teatros para presenciar sus obras, los críticos nunca las valoraron en su justa medida. Lo acusaban de escapista por su falta de compromiso con la sociedad, algo que no deja de ser curioso, en tanto que la historia literaria está llena de ejemplos de movimientos comprometidos política o socialmente cuyos frutos en cuanto a calidad dejan mucho que desear.

Y precisamente debieran ser los críticos quiénes supieran valorar la categoría artística de un escritor y dejar al margen su compromiso que, en cualquier caso, no pertenece a la esfera de la literatura sino de la sociología.

De este modo –como sucede casi siempre- el público tenía razón y Casona, que se defendía diciendo que el mundo de lo irreal –los sueños- forman parte de la realidad tanto como la vigilia, fue un extraordinario dramaturgo que, además, en su momento renovó las anquilosadas estructuras dramáticas españolas con obras como La sirena varada, Otra vez el diablo o Nuestra Natacha.

Sin embargo, Casona también realizó alguna incursión en el teatro histórico. Buena muestra de ello es Corona de amor y muerte, estrenada en Buenos Aires en 1955 y que recupera la leyenda de doña Inés de Castro, que fue coronada Reina de Portugal después de morir por su atribulado esposo don Pedro como homenaje a sus desgraciadas circunstancias vitales.

Se trata, por tanto, de un drama legendario, pero el tono amable del teatro de Casona impide que pueda ser calificado como tragedia, al menos en el sentido clásico del término. Dentro del teatro del asturiano, nos encontramos ante una obra menor pero no por ello carente de validez artística. Un gran escritor nunca crea una obra mala.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Literaturas.com.

Foto: Valle de Arán: Juancandela 225 en Flickr.

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