Don Carlos, infante de España, de Schiller, cima del teatro alemán

El movimiento germano del Sturm und Drang, que propugnaba la libertad y la subjetividad creativa, es uno de los principales precursores del Romanticismo. A él pertenecen figuras como Goethe, Herder y Schiller. Éste último nos muestra, en Don Carlos, infante de España, el gusto de estos autores por la historia de España.

El nacimiento del Romanticismo literario se debe, en gran medida a los teóricos alemanes que, cansados del Racionalismo imperante, trataron de abrir nuevas vías a la Literatura. Figuras como los hermanos Schlegel, Johann Wolfgang Goethe, Maximilian Klinger o Gottfried Herder comenzaron a defender la libertad creativa del escritor y la subjetividad como fuente de inspiración, lo cual significaba tanto como dar entrada, de nuevo, al Sentimiento en las letras sustituyendo a la Razón.

Este movimiento se conoce como Sturm und Drang (literalmente, “tempestad e ímpetu”) y de él forma parte muy destacada asímismo Johann Christoph Friedrich Schiller (Marbach, 1759-1805), considerado, junto al citado Goethe, como cima de la dramaturgia alemana y que se halla, por tanto, en esa línea fronteriza que separa la Ilustración del movimiento romántico a la cual los estudiosos han denominado “Prerromanticismo”.

Foto de un monumento a Goethe y Schiller

Monumento a Goethe y Friedrich Schiller

Pero, además, Schiller fue un profundo analista de las ideas estéticas, un campo en el que se sitúa como nexo de unión nada menos que entre Immanuel Kant y Wilhelm Friedrich Hegel. Su defensa de la libertad individual del artista para la creación se enmarca de forma perfecta dentro de los ideales del Sturm und Drang. Así se aprecia en sus ‘Cartas sobre la educación estética de la Humanidad’. Estas ideas se verían, además, reforzadas durante su estancia en Weimar, época en la que trabó amistad con otros miembros del movimiento como Herder, Wieland y Goethe. Sin embargo, Schiller no puede ser considerado aún un romántico. Su formación era clásica y su admiración por esta cultura pervive en él. De esta suerte, sus obras combinan ese poso de clasicismo con las nuevas tesis prerrománticas que comenzaban a imponerse.

Todo ello se aprecia en su drama ‘Don Carlos, infante de España’ que, en primer término, muestra el interés de los teóricos germanos del Sturm und Drang por todo lo hispano. Baste recordar que, para ellos, los autores de nuestro Siglo de Oro eran perfectos exponentes del Romanticismo que propugnaban –en esta línea se inscriben las traducciones de Calderón realizadas por August Wilhelm Schlegel– y que consideraban a España el país romántico por excelencia.

La obra toma como argumento un suceso luctuoso del reinado de Felipe II: su orden de encarcelar a su hijo Carlos, que no tardaría en morir en prisión. Sin embargo, a partir de este hecho, Schiller recrea la anécdota a su gusto: el castigo se debe al enamoramiento del infante, que ama a la Reina, Isabel de Valois. Tras muchas intrigas, ya inconfundiblemente románticas, don Carlos es entregado a la Inquisición. Se trata, en suma, de un excelente drama que anuncia lo que será el teatro romántico.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Ale Uji.

Foto: Roger 4336.

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