El imbécil, de Pirandello, vengar la memoria de un amigo

Dentro del existencialismo que invade la literatura a principios del siglo XX, quién mejor lo expresa en el teatro es el italiano Luigi Pirandello. Sus obras muestran la inseguridad del hombre en el mundo contemporáneo, que le impide autoafirmarse como persona. Buen ejemplo de ello es El imbécil, que además censura lo superfluo de los criterios que rigen la sociedad.

Aunque las corrientes literarias existenciales en la literatura gozaron de mayor fama en la segunda mitad del siglo XX, esa preocupación por el hombre y su papel en el mundo ya procedía de principios de siglo, cuando una serie de autores –por cierto de mayor calidad literaria– sentaron sus bases.

Entre éstos se hallaban intelectuales de la talla de Miguel de Unamuno, novelistas como James Joyce o Franz Kafka y dramaturgos de la categoría del italiano Luigi Pirandello (Agrigento, Sicilia, 1867-1936). Las obras de todos ellos constituyen una profunda reflexión acerca del sentido de la vida y del papel del hombre en un mundo cada vez más deshumanizado que lo considera un simple número, un ente anónimo destinado a una enorme cadena social en la que tiene que desempeñar un cometido y que no deja lugar a su desarrollo como persona. Un perfecto retrato de ello sería la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Foto de la isla de Sicilia

Una vista de la isla de Sicilia, tierra natal de Pirandello

Pero, además, estos autores revolucionaron los géneros literarios. En el caso de Luigi Pirandello y el teatro, sus creaciones constituyen una absoluta renovación del espectáculo dramático.

Hasta su aparición, éste se encontraba regido por técnicas realistas. La acción se desarrollaba en un escenario con unos decorados fácilmente reconocibles donde los actores declamaban sus diferentes papeles.


Las obras de Pirandello se distancian totalmente de ello. Muchas veces se suprimen los decorados para presentar un escenario simbólico que refuerce la tesis que el autor intenta trasladar y se recurre a elementos externos –luces, sonidos, música- con la misma finalidad.

No obstante, mayor valor tiene el contenido de su teatro. A través de personajes que, como los unamunianos, ansían ser, tener personalidad propia, el dramaturgo italiano expresa su pesimismo vital, que procede de una visión del hombre como criatura desvalida ante un mundo gigantesco que lo usa como mero peón, como una simple pieza de su monstruoso engranaje.

Foto de la representación de una obra de Pirandello

Representación de una obra de Pirandello

Buena muestra de ello es su breve pieza El imbécil, que fue estrenada en el Teatro Quirino de Roma en 1922. Luca Fazio es un hombre desahuciado a causa de la enfermedad que, antes de suicidarse, desea restaurar el honor perdido de su amigo Pulino. Éste es considerado un imbécil por la sociedad debido a que, antes de matarse, no terminó con la vida de su rival político.

Como puede deducirse del argumento, el humor sarcástico de Pirandello, que a veces resulta más amargo y desconcertante que cómico, se halla muy presente. Y la protesta ante una sociedad que simplifica al extremo sus criterios y juicios y, por tanto, comete enormes errores, domina toda la obra.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Pirandelloweb.

Fotos: Sicilia: Castielli en Wikimedia | Obra de Pirandello: Indaia Cultural en Flickr.

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