‘La ilusión cómica’ de Pierre Corneille

Pierre Corneille, nacido en Ruan, Francia, 6 de junio de 1606 y fallecido en París el 1 de octubre de 1684, es uno de los dramaturgos franceses más importantes de todos los tiempos. Y no solo por la riqueza y la rigurosidad de sus escritos, sino por haber contribuido a evolucionar el lenguaje teatral. Junto con coetáneos como Molière o Racine, Corneille crea un nuevo estilo teatral, indiscutiblemente personal, donde los sentimientos trágicos se ponen en escena desde un punto de vista realista. Por primera vez, las desgracias humanas son precisamente eso: humanas antes que sagradas. Los espectadores se encontrarán inmersos de lleno en un universo realista, el de la sociedad contemporánea de la que forman parte.

Pierre_Corneille

Retrato del dramaturgo francés Pierre Corneille.

La obra que nos ocupa hoy aquí es ‘La ilusión cómica’ (L’illusion comique es su título original), escrita por Corneille a los 29 años de edad y la número ocho en su repertorio, lo que nos lleva a pensar que, al componer este manuscrito, el dramaturgo galo ya tenía un estilo consolidado y propio. Y es que, además de suponer una suerte de culminación de sus trabajos anteriores, ‘La ilusión cómica’ se presenta como un cambio en su itinerario literario, pues ésta será la última obra no trágica que escriba. Pero volviendo a su madurez como escritor, podemos decir que en la obra que te presentamos seremos conscientes de todo el virtuosismo que le hizo legendario, pues en ella condensa, además, varios géneros teatrales.

En sus propias palabras: “Le premier acte n’est qu’un prologue, les trois suivants font une comédie imparfaite, le dernier est une tragédie, et tout cela cousu ensemble fait une comédie“. O, lo que es lo mismo, de los cinco actos que conforman ‘La ilusión cómica’, para Corneille el primero es solo un prólogo, los tres siguientes hacen las veces de comedia imperfecta, y el último acto es pura tragedia. Para el autor, mezclar todos estos elementos da como resultado una comedia en toda regla.

En el primer acto se nos presentan a los dos personajes principales: Pridamant, un padre desconsolado por la desaparición de su hijo, Clindor; y a Dorante, que le explica las posibles causas de dicha desaparición. Será precisamente éste último quien le presente a uno de los personajes más decisivos para el relato y su significado: un mago que, en teoría, será capaz de ayudar a Primadant a encontrar a Clindor. De hecho, este mago ha sido visto en muchas ocasiones como el trasunto de la figura del dramaturgo, haciendo de esta pieza un reflejo del teatro en si mismo. Subtextos que se encuentran presentes en esta obra magna de Corneille y que nos conducen de lleno a desafiar las normas que rigen la representación, y todo por el hecho de marcar una cierta distancia entre espectáculo y espectador.

Y es que, sin ánimo de desvelar nada a los potenciales lectores, diremos que la pieza termina con un homenaje al teatro en si mismo y al oficio de actor. Una oda de amor a la dramaturgia creada por la pluma de Jean Corneille.

Foto / Wikipedia Commons

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