Los justos, de Albert Camus, la revolución pacífica

Albert Camus es, junto a Jean Paul Sartre, el máximo representante del existencialismo literario. Profundamente comprometido con su tiempo, su obra reflexiona sobre el ser humano y su papel en el mundo. Concretamente, en el drama Los justos plantea la disyuntiva de si el fin justifica los medios.

Aunque en la literatura de principios del siglo XX ya encontramos autores cuyo eje temático es la reflexión acerca del ser humano y el sentido de la vida (desde Luigi Pirandello a Unamuno), el existencialismo propiamente dicho se desarrolla tras la Segunda Guerra Mundial.

El hecho de que en apenas veinticinco años se produjesen dos conflictos bélicos a escala mundial que provocaron millones de víctimas supuso una brutal conmoción para las conciencias.

Foto de Albert Camus
Albert Camus

Y, como resultado de ello, la literatura se centra en analizar al ser humano y su papel en el mundo. Algunos lo hicieron desde una perspectiva cristiana, como François Mauriac, Georges Bernanos o Graham Greene, pero otros -como Jean Paul Sartre o Albert Camus– buscaron explicación a tales interrogantes con una visión atea que consideraba al hombre como una criatura absurda perdida en un mundo caótico.

No obstante, en el caso del francés Albert Camus (Mondovi, Argelia, 1913-1960) su obra -especialmente  sus últimos escritos- cree atisbar un rayo de esperanza en la solidaridad humana.

Este existencialismo literario derivó desde su idea capital hacia otras tesis, que reflexionaban acerca de la forma en que la sociedad debía organizarse y los medios para alcanzarla así como sobre el papel del intelectual en todo ello.

Tanto Sartre como Camus fueron escritores comprometidos y sus escritos nos muestran sus ideas al respecto. Así, el drama Los justos plantea un profundo problema de conciencia: el de si el fin justifica los medios.

Camus nos sitúa en la Rusia prerrevolucionaria, donde un grupo terrorista planea atentar contra el gran duque Sergio.  El encargado de perpetrar el asesinato es Kaliayev, un idealista que considera que, con tal acción, liberará a su pueblo. Frente a él, se encuentra su compañero Fedorov, un viejo terrorista que ha pasado tres años en prisión engendrando un odio destructivo.

Éste desconfía que Kaliayev sea capaz de consumar el atentado. Y éste, en efecto, cuando llega la hora de la verdad, al ver niños al lado del gran duque, aborta la acción.

Para él, la muerte del aristócrata es un mal necesario para conquistar el mundo ideal que su organización pretende. Pero no el asesinato de inocentes.

En la época, muchas organizaciones terroristas occidentales reivindicaban sus crímenes en aras de lograr una sociedad mejor. Este argumento aberrante es desmontado por completo por Camus. Para éste, el fin nunca justifica los medios y existen suficientes palestras democráticas en las que defender las ideas. Quiénes recurren al asesinato, sólo poseen intereses mezquinos.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Aloha Criticón.

Foto: Albert Camus: Mitmensch 0812 en Flickr.

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