Los tejedores, de Gerhart Hauptmann, una muestra de teatro político naturalista

El Naturalismo creado por Emile Zola era aplicable tanto para la narrativa como para el teatro. De hecho, en Alemania sus mejores muestras se dieron en el género dramático. Una de sus principales figuras fue Gerhart Hauptmann, quién, en ‘Los Tejedores’, propone un drama social.

Al igual que existió el Naturalismo en la novela, también se dio en la dramaturgia, pues las tesis expuestas por Emile Zola para la primera –observación e interpretación de la realidad, determinismo del medio y la herencia o estudio de la sociedad con intención científica– eran perfectamente aplicables a la segunda. De hecho y a diferencia de lo que sucedió en otros países, en Alemania, el movimiento naturalista triunfó sobre todo en el teatro.

Fue introducido por los dramaturgos Arno Holz y Johaness Schlaf pero su gran figura fue Gerhart Hauptmann (Obersalzbrunn, entonces Alemania, hoy Polonia, 1862-1946), quién obtendría por su labor el Premio Nobel de Literatura en 1912 «principalmente en apreciación de su producción fructífera, variada y sobresaliente en el campo del arte dramático».

'Los tejedores' se desarrolla en Silesia (en la foto)

'Los tejedores' se desarrolla en la región de Silesia (en la foto)

Y ello a pesar de que su primera vocación fue la de escultor. Incluso pasó dos años en Italia estudiando a los grandes clásicos. Sin embargo, tras regresar a Alemania, tomó la decisión de dedicarse a la Literatura. Con el drama ‘Antes del amanecer’ (1889) proporcionó la primera gran obra al Naturalismo alemán y también la primera polémica de la época, pues mientras la crítica ortodoxa le atacó duramente, los autores más jóvenes la apoyaron de forma entusiasta.

No obstante, la obra más conocida de Hauptmann es ‘Los tejedores’, un drama social que se basa en un hecho histórico: la sublevación de los tejedores de Silesia en 1844 ante la irrupción de las máquinas en las fábricas, algo que los condenaba al paro y la miseria. El dramaturgo estructura la obra en cinco actos que componen una perfecta gradación ascendente siguiendo la evolución de la actitud de los obreros, que va desde la resignación hasta la decisión incondicional de sublevarse.

Liderados por dos personajes, Bäcker y Moritz Jäger, a los que ayuda el herrero Wittig -el único que conoce los efectos sangrientos de las revoluciones, pues ha participado en la Francesa-, los tejedores optan por la sublevación y se enfrentan al ejército. Un elemento clave de la construcción naturalista de la obra es el uso del dialecto de Silesia en los parlamentos de los obreros y muy relevante también es el final abierto que propone Hauptmann, quién, en ningún momento -igualmente siguiendo los postulados de la escuela de Zolatoma partido. No debemos olvidar que, pese a su fama de izquierdista, el dramaturgo era un asceta aristocrático al que nada gustaban los movimientos revolucionarios. En cualquier caso, nos encontramos ante una excepcional obra.

Fuente: Nobel Prize.

Foto: Sir Iwan.

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