Veintisiete vagones de algodón, de Tennessee Williams, conflictos en el profundo sur

Tennessee Williams configura, junto a Eugene O’Neill y Arthur Miller, la terna de grandes dramaturgos norteamericanos. Nacido en el profundo sur, retrató como nadie los conflictos de aquella peculiar sociedad. Buena muestra de ello es la pieza breve Veintisiete vagones de algodón.

Aunque, indiscutiblemente, el género por excelencia de la literatura norteamericana del siglo XX es la novela, con figuras como William Faulkner o Ernest Hemingway, también los demás ofrecen personalidades importantes.

En el caso del teatro, tres autores de extraordinarias cualidades dramáticas destacan sobre los demás. Se trata de Eugene O’Neill, a quién la crítica ha comparado con Henrik Ibsen, de Arthur Miller, inolvidable creador de Willy Loman en La muerte de un viajante, y de Tennessee Williams.

Foto de Tennessee Williams

Tennessee Williams

Thomas Lanier Williams (Columbus, Mississippi, 1911-1983), que precisamente sustituyó su nombre por el de ‘Tennessee’ como homenaje a este estado del sur de Estados Unidos, es quién mejor retrató los conflictos sociales de ese profundo y peculiar sur norteamericano.

Se dio a conocer con El zoo de cristal en 1945, que presenta la vida de una familia sometida a las órdenes de una madre dominante que ha sido abandonada por su marido.

Pero su obra más conocida es, indudablemente, Un tranvía llamado deseo, que muestra el choque brutal entre Blanche Dubois, una mujer con falsas ínfulas aristocráticas y su rudo cuñado Stanley Kowalski, que representa la sórdida realidad, y todo ello ambientado en un asfixiante Nueva Orleans.

Llevada al cine por Elia Kazan con Marlon Brando en el papel de Kowalski, esta obra es considerada una de las creaciones maestras del teatro norteamericano.

Por su parte, Veintisiete vagones de algodón es una pieza breve que nos vuelve a situar en el profundo sur de Estados Unidos -concretamente en el delta del Mississippi– para mostrarnos el conflicto entre los pequeños cultivadores de esta especie agrícola y el poderoso Sindicato del Algodón que desea hacerse con sus tierras, abocándolos así a la pobreza.

Los primeros se encuentran representados por Jack Meigham y los segundos por Silva, Superintendente del Sindicato. Desesperado, el primero de ellos incendia su propia plantación y la del propio Silva. Pero éste se entera de que ha sido él a causa de una indiscreción de su propia esposa Flora, una mujer a la que Meigham ha convertido en mera muñeca a su servicio.

Para tomar venganza, Silva mantendrá relaciones sexuales con Flora provocando en ella una repentina rebeldía. Es precisamente esta evolución de la sumisa esposa un potente activador del desarrollo de la acción.

Se trata, en suma, de un nuevo retrato del profundo sur norteamericano con su peculiar estructura social y brutales conflictos como tan sólo el genial Tennessee Williams sabía perfilar.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Aloha Criticón.

Foto: Tennessee Williams: L’Interdit en Flickr.

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