El primer experto japonés en literatura gallega

La literatura española es uno de los productos más exportados, y más reconocidos de la cultura mundial. Nuestras obras son leídas y estudiadas en las principales universidades, siendo fácilmente conocidos los autores Cervantes o Lorca, además de ser excelentes anfitriones de nuestra cultura. Pero ¿y si os mencionamos que Valle Inclán tiene influencia en Japón gracias a un autor local?

La literatura española es uno de los productos más exportados, y más reconocidos de la cultura mundial. Nuestras obras son leídas y estudiadas en las principales universidades, siendo fácilmente conocidos los autores Cervantes o Lorca, además de ser excelentes anfitriones de nuestra cultura.

Ramón del Valle Inclán perdura gracias a un experto japonés en su obra

Pero a veces otros no tan reconocibles escritores pasados son olvidados. Aún así de vez en cuando encuentran seguidores fuera de nuestras fronteras, es el caso de Valle-Inclán, en cuya figura se ha centrado un japonés durante los últimos 34 años.

Kenji Horiuchi, un profesor de la universidad de Osaka, ha dedicado sus años de enseñanza a investigar y traducir la obra de Valle Inclán. En 1969, Kenji viajó hasta Granada para estudiar un curso de literatura.

Como Lorca era muy conocido en su país, se decantó por Valle, “uno de los mejores de la literatura moderna” que ningún estudioso japonés había tratado antes. A Kenji le impresionó el sentido crítico del gallego y su inconformismo con la época que vivía.

La nueva visita a Galicia del investigador japonés se debe a una boda de sus amigos, aunque no es la primera vez, ya que antes había recorrido Galicia con a su mujer Kioto atraídos por las escenas de los libros de Valle-Inclán, algo que no es muy habitual entre los turistas asiáticos que prefieren las grandes ciudades españolas como Madrid, Barcelona o Sevilla.

Su impresión fue diferente a la que esperaban ya que la imagen mostrada por Valle-Inclán de su tierra, era un paisaje bello pero pobre, donde las personas sobrevivían en condiciones precarias, pero al acudir a la ciudad de Vilagarcía se toparon con una urbe limpia y moderna.

No dejaron pasar la oportunidad de visitar la casa de Valle-Inclán, que la recuerdan como “una casa muy robusta y que estaba muy bien construida”. También pudieron probar los productos de la tierra, aunque su traducción no sea tan fácil de hincar el diente.

Kenji todavía hoy recuerda la primera vez que se encontró con la palabra filloa en la obra de “El rey de la máscara”. Tras revisar tres tomos de traducción español-gallego, lo más parecido que se le pareció fue una crepe, aunque ya hoy en día ha captado el sentido de la palabra, aunque no se declara fan del postre gallego. “Para un buen catador de vino, es demasiado dulce” afirma Kenji.

De lo que si guarda buen recuerdo es de su experiencia con la queimada, otro término que carece de traducción. O el lanzamiento del botafumeiro en la Catedral de Santiago. “Me emocionó mucho, el incienso, el humo”. En definitiva se declara un amante de esta tierra y de la gente. “Los gallegos son serios, pero también divertidos. ¡Saben cómo vivir!”.

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