En la muerte de Harper Lee

La escritora norteamericana, apartada del mundo literario desde el éxito de su legendaria ‘Matar un ruiseñor’, contaba 89 años.

harper lee

Ayer conocíamos la noticia de la muerte de Harper Lee a los 89 años de edad. Era una de las pocas figuras míticas que quedaban en la Literatura Norteamericana. Y ello gracias a una sola novela: ‘Matar un ruiseñor’. Porque la aparición el pasado año de su segunda obra, ‘Ve y pon un centinela’, no deja de ser anecdótica, sobre todo por tratarse de una reelaboración en cuanto al argumento de su gran éxito.

Nacida en Monroeville (Alabama) el 28 de abril de 1926, Harper Lee vivió en su pequeño pueblo natal hasta que a los 23 años se trasladó a Nueva York con la idea de triunfar como escritora. Allí trabajó en una línea aérea hasta que la editorial J. B. Lippincott & Co. publicó ‘Matar un ruiseñor’, no sin antes pedirle que reescribiera el manuscrito original.

Así, la novela llegó a las librerías en 1960 convirtiéndose en muy poco tiempo en un súper ventas, éxito que no ha disminuido desde entonces pues se calcula que se han vendido en todo el mundo 40 millones de ejemplares. Un año más tarde de su publicación, obtenía el Premio Pulitzer y otro más tarde era llevada al cine por Robert Mulligan con una extraordinaria interpretación de Gregory Peck, quien obtuvo el Óscar al mejor actor por ella.

Entonces, así mismo, comienza uno de esos misterios literarios consistentes en que un autor de enorme éxito deja de publicar y se aparta del mundanal ruido. Efectivamente, desde la aparición de ‘Matar un ruiseñor’, Lee no volvió a sacar al mercado libro alguno -como decíamos- hasta el año pasado en que apareció ‘Ve y pon un centinela’, protagonizada por los mismos personajes que su gran obra sólo que 20 años después. Esta circunstancia, ducho sea de paso, provocó no pocos rumores pues algunos consideraban raro que, después de tanto tiempo apartada de la Literatura, Lee diese consentimiento para su publicación.

El caso es que, tras ganar el Pulitzer, la escritora volvió a Monroeville, donde ha vivido hasta ahora como una ciudadana anónima más. Todos los días desayunaba en la misma cafetería y era frecuente verla pasear junto a su hermana Alice, fallecida hace 2 años. En 2007, Lee padeció una apoplejía que superaría pero, desde entonces, sufría serios problemas de salud. Ayer, personas de su entorno confirmaban la noticia de su muerte. Con ella se va una auténtica leyenda de las letras estadounidenses.

Porque, digámoslo ya, ‘Matar un ruiseñor’ es una obra maestra, una de esas novelas que trascienden su época para fascinar a lectores de todas las edades y lugares. Y ello a pesar de ambientarse en una pequeña villa del más profundo sur de Estados Unidos y ser narrada por una niña de 6 años. Ya lo supo ver el jurado que le entregó el Premio Pulitzer en 1961 y también lo apreciaron los millones de lectores con que ha contado.

Scout Finch es –como decíamos- una muchacha que vive en el ficticio pueblo de Maycomb junto a su padre, Atticus, y su hermano mayor, Jem. Corren los años de la Gran Depresión pese a lo cual en su casa no atraviesan penurias y los niños disfrutan jugando y haciendo travesuras por las calles de la localidad.

Así transcurre la primera parte de la novela, que es un encantador relato de la vida de Scout y también tiene algo de exaltación del bucólico medio rural, alejado de las grandes ciudades. Pero, en un momento determinado, la novela da un giro radical que venía atisbándose en las páginas precedentes: la lacra del racismo en el sur de Estados Unidos irrumpe en primer plano con la detención de Tom Robinson, un hombre de raza negra, acusado de violar a una mujer blanca.

Será precisamente Atticus Finch, abogado de profesión, quien se encargará de defenderlo. A pesar de la mala reputación que tiene la familia de la supuesta víctima entre los habitantes de Maycomb, no le será fácil al bueno de Atticus lograr la absolución de su cliente, al que incluso tratarán de linchar, en una escalada de tensión donde llegarán a correr peligro hasta Scout y Jem.

Es indudable que ‘Matar un ruiseñor’ contiene numerosos elementos de la vida de la propia Harper Lee. Sin embargo, ella negó que fuera una novela autobiográfica alegando que, sencillamente, un autor debía escribir sobre aquello que mejor conocía y así lo había hecho. En este sentido y a modo de curiosidad, muchos piensan que el personaje de Dill, niño amigo de Scout y Jem, está inspirado en Truman Capote, quien también vivió en Monroeville y fue íntimo de la escritora durante su infancia. Todo este magnífico universo literario fue creado por el genial talento de Harper Lee, que nos dejaba ayer. Descanse en paz.

Vía: ‘ABC’.

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