Ann Radcliffe, la mujer que soñaba vampiros

Es difícil imaginar a una pacífica ama de casa de la Inglaterra pre-victoriana escribiendo relatos de misterio y terror. Sin embargo, Ann Radcliffe, la «gran dama de la novela gótica», cumplía esas características y llevó el género a su época de máximo esplendor. Áquí presentamos su biografía.

Cuesta trabajo imaginar a una amable y acomodada ama de casa de la Inglaterra pre-victoriana escribiendo relatos por los que se mueven toda clase de criaturas sobrenaturales y en los que se dan situaciones horripilantes. Y, si además su obra influye en autores de la talla de Jane Austen, William Makepeace Thackeray o Wilkie Collins, la conclusión ha de ser, por fuerza, que debía hacerlo de forma muy estimable.

Esta sencilla mujer era Ann Radcliffe y los aficionados al género la han bautizado como «la gran dama de la novela gótica». Nacida en Londres un nueve de julio de 1764 en el seno de una familia de comerciantes aficionados a la lectura, no recibió, sin embargo, una buena educación. No eran tiempos en que las mujeres estudiasen mucho fuera de un poco de música y artes. Pero ella heredó el gusto por la Literatura, de la que le agradaba especialmente el ‘Macbeth’ de Shakespeare. Para aumentar su afición, se casó con William Radcliffe, propietario del semanario ‘English Chronicle’ y de quién tomaría el apellido –el suyo de soltera era Oates-.

Foto de Bath (Gran Bretaña)

Una vista de la ciudad de Bath, donde Ann Radcliffe vivió con su marido

En aquella época, gozaba de gran predicamento las ideas estéticas de Edmund Burke, que no dejan de ser un tanto curiosas. Para él, todo aquello que excite en las personas la idea de dolor o de peligro es fuente de belleza. Quizá en el fondo algo de razón tenía pues la novela gótica (la que trata sobre vampiros y otras criaturas) constituía entonces un verdadero fenómeno editorial. Y también quizá por eso Ann Radcliffe se dedicó a este género a imitación de Horace Walpole, gran pontífice del mismo.

Sin embargo, la autora londinense pronto lo superaría en calidad literaria, hasta llevar al género a su máxima etapa de esplendor. Sus novelas se ambientan casi siempre en Italia y ello no deja de ser curioso, pues ella jamás salió de Inglaterra. Seguramente ello se debiera a la imagen de idealista misterio que entonces se tenía de los países meridionales.

Pero Ann Radcliffe, acosada por la tristeza que le produjo la muerte de sus padres y la enfermedad degenerativa de su marido, dejó de escribir definitivamente en la cima de su éxito. Murió el siete de febrero de 1823. Atrás dejaba una interesante producción en la que destacaLos misterios de Udolfo (sobre la joven Emily Saint Aubert, recluída en un siniestro castillo), su novela más popular y en la que da rienda suelta a toda clase de espectros y criaturas de las sombras propias de la imaginería gótica.

Fuente: El Mundo.

Foto: Mike Fleming.

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