Octave Mirbeau, un hombre enfrentado al mundo

La sociedad francesa estaba acostumbrada a escandalizarse con Baudelaire o Rimbaud. Pero, tras ellos, llegó alguien aún más radical: el normando Octave Mirbeau, que se enfrentó a todos sus estamentos y la mantuvo en permanente estado de agitación durante años. Aquí repasamos su vida.

La sociedad francesa que se había escandalizado con la aparición de la Madame Bovary de Gustave Flaubert y con los poemas de Baudelaire y Arthur Rimbaud no sabía lo que le esperaba.

Y es que, tras ellos, llegó Octave Mirbeau, un normando dispuesto a despotricar contra todo y contra todos que sacudió sus cimientos durante muchos años.

Foto del Teatro de la Comedia Francesa

Teatro de la Comedia Francesa, donde Mirbeau estrenó algunos de sus dramas

Nacido en Trévières en 1848 –el mismo año en que las revoluciones burguesas sacudieron toda Europa, una curiosa coincidencia-, de sus estudios juveniles con los jesuitas de Vannes le quedó un agudo anticlericalismo que jamás desaparecería.

Expulsado de allí, comenzó a trabajar en una oscura oficina notarial hasta que el líder bonapartista Dugué de la Fauconnerie lo rescató para que ejerciese como su secretario personal y al tiempo escribiera en el diario oficial del partido. Por esa época, completaría sus ingresos trabajando como ‘negro’ para otros escritores.

También por entonces inicia una relación sentimental con Judith Vimmer, mujer mundana a la que retratará con tintes escasamente positivos en la Juliette de su novela El calvario.

Cuando por fin pudo firmar sus artículos, comenzó a ejercer la crítica de arte y no debía hacerlo mal del todo porque entre sus hallazgos se encuentran nada menos que Vincent van Gogh, Camille Claudel o Aristide Maillol.

Claro que, al tiempo que hacía esto, también arremetía contra el nacionalismo, el colonialismo, el Ejército y sus ansías de revancha contra Alemania y los «malos pastores».

Por entonces, ya se había casado con Alice Regnault, una actriz de escasa categoría. Problemas matrimoniales unidos a su propia amargura le llevan a una crisis existencial plagada de neurastenias que hizo temer por su cordura.

Sin embargo, nada más revitalizante para un hombre así que tener un motivo para combatir, algo que encontraría en el famoso ‘caso Dreyfus’. Unido a Emile Zola –incluso llegó a poner más de siete mil francos de su bolsillo para cubrir los gastos del pleito de éste-, arremete contra todos los estamentos de la sociedad francesa.

Recorre los Departamentos del país arengando a la clase obrera y a los intelectuales en favor de la causa y burlándose de los nacionalistas, los clericales y los antisemitas. Es por entonces cuando publica El jardín de los suplicios una verdadera monstruosidad literaria en la que tienen cabida la justificación del asesinato, el sadismo, el placer sexual a través del sufrimiento ajeno y otras aberraciones semejantes.

También poco después estrena un drama: Los negocios son los negocios, donde denuncia la omnipotencia del dinero y que, paradójicamente, le hizo rico. Pero, aunque continuará escribiendo, está cada vez más enfermo.

Se retira a Triel, desde donde quién siempre había sido pacifista aún contemplará la carnicería de la Primera Guerra Mundial. Muere el dieciséis de febrero de 1917.

Fuente: Sociedad Literaria Octave Mirbeau.

Foto: Jean Robert Thibault en Flickr.

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