Los trabajadores del mar, Víctor Hugo

Víctor Hugo fue el líder y la voz cantante del romanticismo. Pero más que eso, fue un personaje histórico, un referente para los demás escritores (aún lo es hoy). Alguien a quien imitar o a quien criticar (imposible ignorarlo). Admirarlo o despreciarlo, ésa era la cuestión en su época (una relación que a su vez él tenía con la figura de Napoleón Bonaparte).
Víctor Hugo fue quien luchó y acabó con el clasicismo y quien impuso el romanticismo en París, y por lo tanto en el mundo. Algunas de sus obras más importantes son Cromwell, Hernani, Nuestra Señora de París y Los Miserables.

Su otra gran pasión fue la política, donde participó activamente y por la cual sufrió un exilio de quince años. En 1851 se instaló en la isla de Guernsey, lugar donde se ambienta la novela Los trabajadores del mar.

los-trabajadores-del-mar-mas-grande.JPGSi un lector desprevenido se acerca a un libro de Víctor Hugo que en la contratapa mencione muchas veces las palabra «romanticismo«, «romántico«, y llega buscando eso, o la idea que la mayoría de la gente tiene sobre lo romántico, saldrá decepcionado, o por lo menos confundido

Sí hay una historia de des(amor) en el centro de Los trabajadores del mar; pero, medido en palabras, encontramos que a los enamorados, el taciturno Gilliat y la joven Deruchette, se les dedica menos tiempo que al paisaje, al mar, a los barcos, a la tempestad, a los detalles o la psicología de los personajes. La novela empieza con una larga descripción del lugar y una serie de consideraciones generales sobre el arte de navegar. Estas digresiones, que abundan en la novela, no son una demora si no un enriquecimiento, ya que son pequeños ensayos insertos en la obra. Poco a poco van entrando en escena los personajes. Lethierry es “el hombre importante” de la ciudad. Un hombre fuerte pero noble, que siente odio sólo por los sacerdotes. Fue estafado por Rantien años atrás, pero ha hecho de nuevo su fortuna gracias a su nave: la Duranda.

La Duranda es un barco a vapor algo novedoso y por lo tanto temido (y por lo tanto odiado) en ese lugar y en ese tiempo donde aún reinaban las naves a vela. Deruchette es la hija de Lethierry, dulce, inocente, pero en edad de casarse.


Guilliat es un hombre misterioso, con un oscuro pasado, que goza de la antipatía de los pobladores, quienes creen que es una especie de brujo. (El tema de lo sobrenatural está presente en casi todas las obras de Hugo, como lo estuvo en su vida.)

Clubín, es el hombre de confianza de Lethierry. Es una especie de Yago, y es que hay mucho de Shakespeare en Víctor Hugo. Por ejemplo, la maestría para crear a los personajes, para darles vida, darles forma y hacerlos creíbles. Además, a cada paso (o a cada párrafo) uno se encuentra con frases cargadas de observaciones brillantes sobre diferentes aspectos de la forma de ser y de pensar de estos seres, que a su vez representan la forma de ser y de pensar y de sentir de una cantidad de personas (aunque no de personalidades) de la vida real. A tal punto que uno se pregunta quiénes son los que estudian la mente de los hombres, los psicoanalistas o los escritores? Quiénes son los que van al fondo de la cuestión, los doctores o los artistas?

Por otra parte, es algo asombroso la precisión con la que Víctor Hugo describe el mundo de los trabajadores del mar. Y aunque nosotros no tengamos idea alguna si las descripciones son exactas o no, el conjunto, nos trasmite la sensación de un profundo conocimiento del arte de los marineros. Conocimiento que se adquiere por dos únicas vías (ahí está lo admirable): años de estudio o años de experiencia.

Ya planteada la situación, sabemos que Guilliat ama a Deruchette, y que Lethierry desea casarla y encontrar un sucesor. Entonces, hay una travesía por el mar, Cublín al mando de la nave, provoca el naufragio en acuerdo con Rantine para robar a Lethierry.

La Duranda encalla y Lethierry que perdiendo su barco quedaría arruinado, ofrece la mano de su hija a quien rescate la nave y la traiga hasta el puerto nuevamente.

victo-hugo-2.JPGGilliat se interna en la mar hasta el lugar donde ha encallado la nave, en busca de la Duranda y por lo tanto de la mano de Deruchette. Allí tiene lugar un batalla épica, de dimensiones majestuosas (o monstruosas) entre el hombre y la naturaleza.
Los personajes o las historia de Víctor Hugo pueden parecer trillados, pero lo que sucede es que (además que desde entonces se le ha imitado hasta del cansancio) los temas de la literatura son unos pocos (la soledad, el amor, la muerte…) y la diferencia está en cómo se los aborde. Lo mismo sucede con las historias, hay unas pocas… y hay unos pocos personajes (si no recuerdo mal Borges había hecho la lista…) y lo único que podemos hacer es decir de manera distinta lo que ya han dicho otros.

Como en otras novelas de Víctor Hugo están presentes muchos de sus símbolos recurrentes: El Ojo, el Abismo, El Monstruo, La Tempestad…

Algunos acusan de grandilocuencia a Hugo, de exagerado, de sentimental, pero su talento se nota hasta en el nombre que le da a cada capítulo. Si esos argumentos los hubiera escrito alguien que no fuera él, no se lo perdonaríamos, porque (como dijo otro escrito) Víctor Hugo era un loco que se creía Víctor Hugo.

Otra de las virtudes de esta novela es que es muy cinematográfica (si esto no fuera un anacronismo), podemos casi «ver» a Gilliat, cansado, luchando, contra la naturaleza, contra el destino (su destino es luchar).
Asumiendo que identifiquemos al narrador con el autor, este escritor tan complejo y vital, nos deja ver la pasión que le despertaban cosas tan dispares como las máquinas y la naturaleza, asistimos a la descripción admirada de la Duranda, sus calderas, engranajes, ejes; y al asombro ante la majestuosidad del mar.
Y el punto donde se cruzan la mano del hombre y la fuerza de la naturaleza: la lucha de Gilliat por sobrevivir y amar.
Por su puesto, el final viene con vuelta de tuerca incluida…

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