Los testigos, de Julio Cortázar, un entomólogo frustrado

Todos los grandes maestros crean escuela. Y Borges no iba a ser la excepción. Uno de sus mejores discípulos es Julio Cortázar, quién, como aquél, combina en sus cuentos realidad y fantasía, todo ello aderezado con un humor presidido por el absurdo. Buena muestra es el titulado Los testigos.

Los grandes escritores suelen crear escuela, un grupo de seguidores que absorben sus enseñanzas para –según su talento- construir una obra más o menos original. Y el genial Jorge Luis Borges, con su mezcla de lo real y lo fantástico basado en excusas eruditas, no iba a ser una excepción.

Foto de Julio Cortázar

Julio Cortázar

De esta suerte, muchos escritores sudamericanos bebieron de las enseñanzas del maestro, alcanzando la excelencia en lo que al relato breve se refiere. Dejando a un lado a su amigo y discípulo Bioy Casares, con toda probabilidad el alumno más aventajado de Borges es otro argentino: Julio Cortázar (Bruselas, 1914-1984).

Cosmopolita por nacimiento y vocación, maestro rural y traductor de la UNESCO, que lo asentó en París -una ciudad que consideraba su casa- jamás renunció, sin embargo, a su carácter argentino. Y es que el cosmopolitismo no está reñido con ser patriota. Poco a poco, Cortázar fue construyendo una obra, fundamentalmente cuentos, que aúnan en perfecta simbiosis los magisterios de los grandes del género.

Se aprecian así en ella los influjos del propio Borges, de Edgar Allan Poe o de Antón Chejov. Pero el ilustre discípulo supo asimilar todas estas enseñanzas para crear su personal teoría literaria, absolutamente original y ciertamente extraordinaria.


Así, sus mejores relatos parten de la realidad para ir sumergiéndonos paulatinamente en lo fantástico o lo absurdo –en ocasiones en ambos a la vez- y todo ello para mostrar, con un planteamiento cercano al existencialismo, el sin sentido que para él constituye la vida humana.

Sin embargo, no nos encontramos ante una literatura amarga o desgarrada sino todo lo contrario. Un sentido del humor que en muchas ocasiones recuerda precisamente al ‘teatro del absurdo’ preside todas estas narraciones. Buen ejemplo de ello es el protagonista de Axolotl, que se sintetiza con uno de estos peces debido a la identificación que siente con ellos.

Foto de un collage de Cortázar

Collage con fotos y títulos de obras de Cortázar

También es muestra de ello el protagonista de Los testigos, quién, al descubrir en su cuarto una mosca que vuela al revés, se encierra en éste reduciendo al mínimo el espacio, llama a un amigo para que le sirva de garante de su hallazgo y se pasa días observando al insecto y temiendo que se muera, dado lo breve de su vida.

Destaca asímismo la extraordinaria capacidad de Cortázar para construir una fábula a partir de asunto tan trivial y descabellado, al igual que su rico torrente lingüístico para narrar con mano maestra los pasos que va siguiendo el infeliz chiflado.

Podéis leer el relato aquí.

Fuente: Biografías y vidas.
Fotos: Julio Cortázar: Pedrugo en Flickr | Collage: Anastacia en Arte y fotografía.

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