Memorias de una horca, de Eça de Queiroz, una fantasía macabra

José María Eça de Queiroz es, probablemente, el más ilustre narrador portugués del siglo XIX y, además, el máximo exponente del Naturalismo en su país. Sus obras constituyen una mordaz crítica a la alta sociedad. Sin embargo, en Memorias de una horca, nos presenta una fantasía macabra a través de una curiosa personificación.

Pocas escuelas literarias han tenido tanta fortuna como el Naturalismo creado por Emile Zola. De hecho, son pocas las naciones que no cuenten con algún discípulo del francés.

Lógicamente, nadie -ni siquiera su propio creador- siguió las teorías naturalistas al pié de la letra. Pero rasgos de la escuela se aprecian en algunas obras del inglés Thomas Hardy, del español Benito Pérez Galdós o del germano Gerhart Hauptmann, por poner tan sólo algunos ejemplos.

Foto del Ayuntamiento de Póvoa de Varzim

Ayuntamiento de Póvoa de Varzim, ciudad natal de Eça de Queiroz

Del mismo modo, en las letras portuguesas, el máximo representante del movimiento fue José María Eça de Queiroz ((Póvoa de Varzim, 1845-1900), fustigador impenitente de las clases altas de la sociedad lusa.

Hijo natural de un juez, recibió una esmerada formación que le llevó a la Universidad de Coimbra, donde entró en contacto con las corrientes de pensamiento y literarias europeas. Más tarde, fue diplomático por toda Europa e Hispanoamerica, lo cual enriqueció su cultura.

Sus primeras obras, publicadas en la Gaceta de Portugal, presentan aún reminiscencias del Romanticismo pero pronto evolucionaría hacia las tendencias realistas con claros ecos de la escuela de Zola.

Como decíamos, las narraciones de Eça de Queiroz critican duramente a las clases altas de su país. El crimen del padre Amaro, quizá la más popular, trata el tema del sacerdote pecador, al igual que hicieran Zola o Clarín y El primo Basilio nos presenta un adulterio semejante al de Madame Bovary.

Pero en ambas nos presenta una visión mordaz de las clases pudientes -en la primera de una ciudad provinciana y en la segunda de la propia Lisboa-, que trasluce una evidente crítica social.

Sin embargo, el cuento titulado Memorias de una horca viene a ser, más bien, una fantasía macabra. Se trata, ni más ni menos, que de la autobiografía de una rama de árbol que ha venido a parar en palo de una horca.

A lo largo de esta personificación, nos va contando todo el proceso que ha atravesado desde que formaba parte de la Naturaleza hasta su triste trabajo final y los sufrimientos padecidos.

No es difícil descubrir bajo esta fantasía una durísima crítica al ser humano y, muy especialmente, a la pena de muerte, castigo brutal para personas cuyos delitos son menores.

A pesar de lo curioso del argumento, la prosa exquisita, plena de sonoridad y riqueza, de Eça de Queiroz consigue mantener el interés y la amenidad a lo largo de todo el texto. No en balde, nos encontramos, probablemente, ante el mejor prosista de la lengua portuguesa en el siglo XIX.

Podéis leer el cuento aquí.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Ayuntamiento de Povoa de Varzim: Amaianos en Flickr.

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