Cajal y el Quijote, Azorín defiende el idealismo del hidalgo cervantino

José Martínez Ruíz, ‘Azorín’, es uno de los principales prosistas españoles del siglo XX. Entre sus preocupaciones, se encontraba una singular fijación por el Quijote cervantino, en cuyo idealismo hallaba el camino a seguir por la depauperada España de su época. Buena muestra de ello es este Cajal y el Quijote.

Indiscutiblemente, el Quijote de Cervantes es la más grande obra de la literatura española y una de las más importantes de la universal. Tal es su variedad y riqueza que cualquiera puede buscar en ella ejemplos para defender sus tesis. Tanto el realista como el idealista, el pesimista como el optimista, todos encontrarán en la obra cervantina argumentos para reforzar sus opiniones.

En este sentido, si hubo un grupo literario que mostró especial preferencia por la novela, éste fue la Generación del Noventa y ocho. Todos sus integrantes, desde Miguel de Unamuno hasta Maeztu, desde Valle-Inclán hasta Pío Baroja, buscaron en la magna creación de Cervantes formas de ejemplificar sus alegatos regeneracionistas.

Foto de la sede de la Academia Española de la Lengua

Sede de la Academia Española de la Lengua, de la que Azorín fue miembro

Pero, probablemente, quién mayor fijación sintió por el Quijote fue José Martínez Ruíz, ‘Azorín’ (Monóvar, Alicante, 1873-1967), excepcional articulista y autor de narraciones a medio camino entre la novela y el ensayo que, a lo largo de su extensa vida, estudió el espíritu de la obra cervantina a través de todas sus páginas.

Todo lo que tuviera que ver con el Quijote era seguido con atención por el escritor alicantino. Por ello no es de extrañar que, cuando una figura de la relevancia de Santiago Ramón y Cajal, Premio Nóbel de Medicina en 1906, pronunció una conferencia acerca del hidalgo loco, Azorín le prestara oídos y la analizase en este artículo que tituló Cajal y el Quijote.

Más aún, Azorín aprovecha la reseña del discurso del egregio doctor para exponer, una vez más, sus opiniones acerca del gran personaje cervantino y de la aplicación que sus enseñanzas podrían tener en la maltrecha España del Desastre del Noventa y ocho.

Tras mostrarse de acuerdo con Cajal en que, si Cervantes no hubiera sido pobre y desdichado, jamás habría podido escribir su gran novela, lo cual viene a destacar el carácter estoico del hidalgo, se adentra en el análisis de la palabra ‘quijotismo’.

A su juicio, este término ha tenido siempre unas connotaciones peyorativas. Craso error, pues en su justa acepción, la palabra simboliza el culto a elevados y nobles ideales que deberían ser puestos en práctica en la España contemporánea para lograr su regeneración. Una tesis común, por otra parte, a otros miembros de su generación.

Sin embargo, a nuestro juicio, Azorín se equivoca al menospreciar otras excepcionales obras de la literatura española y el teatro de los Siglos de Oro en su conjunto para exaltar el valor del Quijote. La obra cervantina se destaca por sí misma y ello no es óbice para que reconozcamos en Lope de Vega o Tirso de Molina a algunos de nuestros más ilustres literatos.

Podéis leer el artículo aquí.

Fuente: Rincón Castellano.

Foto: Academia Española de la Lengua: Pablo Sánchez en Flickr.

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