‘Cuento de Navidad’, de Charles Dickens

Hay novelistas sin los que la literatura no sería lo que es. Un Balzac en Francia o un Galdós en España marcan el devenir de las letras de estos países. E igual ocurre en Inglaterra con Charles Dickens, el novelista de la Revolución industrial y sus injusticias. En ‘Cuento de Navidad’, en cambio, presenta una fantasía sobre la avaricia y el afán de riquezas, que pervierten al hombre.

Hay novelistas que marcan una época, no sólo en la historia literaria de su país, sino en las letras universales. No se podría comprender la literatura francesa sin la obra de Balzac o Víctor Hugo, ni la española sin Galdós. Del mismo modo, la literatura inglesa sería otra si no contase con figuras de la talla de Walter Scott o Charles Dickens.

Charles Dickens

Charles Dickens

En efecto, si Scott es el creador de la novela histórica, Dickens es el novelista por excelencia de la Revolución Industrial. Nadie como él ha denunciado la miseria y las condiciones inhumanas de las clases bajas en aquél mundo cambiante.

Además, Dickens es el novelista de Londres. El conjunto de su obra muestra la ciudad barrio a barrio, desde los más altos a los más bajos, brindando una visión de conjunto que tiene el valor de una fotografía.

Charles Dickens (Portsmouth, 1812-1870) no tuvo una vida fácil. Cuando su padre fue encarcelado por deudas, la familia se vio en unas condiciones apuradas. Así, tuvo que trabajar desde los doce años en una fábrica de betún. Por tanto, los escenarios que presentan muchas de sus obras le eran bien conocidos. Y, del mismo modo, su formación fue autodidacta.


‘Cuento de Navidad’ (1843), en cambio, no puede incluirse en sus grandes líneas temáticas, presentes en sus obras mayores –‘Oliver Twist’, ‘Historia de dos ciudades’, ‘Grandes esperanzas’, etc-, sino que es un juego fantástico que homenajea a la Navidad.

Una ilustración de la obra

Una ilustración de la obra

Esta novelita breve nos presenta a Ebenezer Scrooge, un anciano huraño y avaro, al que no le importan los demás, sino hacer dinero. Ni siquiera celebra la Navidad. Tiene un sobrino, Fred, y un empleado al que maltrata, Bob Cratchit. Un día, se le aparece su antiguo socio, recientemente fallecido, Jacob Marley, para predecirle su negro futuro y anunciarle la visita de los tres espíritus de la Navidad.

Efectivamente, éstos llegarán. El del Pasado le recuerda su vida infantil y juvenil feliz, antes de obsesionarse con el trabajo y la riqueza. El del Presente le muestra la pobreza en que mantiene a su empleado Bob, quién, pese a ella y a tener un hijo enfermo, celebra la Navidad, y a dos trágicos niños que encarnan la Ignorancia y la Necesidad.

Pero será el del Futuro el que le muestre lo más sombrío: el destino de los avaros: su casa saqueada por los pobres, el triste recuerdo que ha dejado y su propia tumba. El tacaño se aterra y promete al espíritu que cambiará si le evita ese destino. Y, en efecto, así lo hace: aumenta su sueldo a l empleado y colabora para curar a su hijo, se muestra cordial con todo el mundo e incluso celebra la Navidad con su sobrino.

Como podemos apreciar, Dickens ha creado una deliciosa novela con final feliz e incluso con moraleja: de nada sirve acumular riquezas si, para ello, tienes que maltratar a los demás, pues, cuando mueras, nadie te llorará.

Escrita con técnica realista y elementos de la novela gótica, en ella ejerce, no obstante, un papel fundamental el idealismo, que se muestra en la capacidad de regeneración hacia la bondad de Scrooge.

Fotos: Dickens: William Avery en Wikipedia | Ilustración: Mutter Erde en Wikipedia

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