‘El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde’, de R. L. Stevenson

Los años finales del siglo XIX vivieron un extraordinario apogeo de la narrativa de terror. Pero, de entre el gran número de obras escritas, destaca -más por lo que plantea que por lo que narra- ‘El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde’, lúcida visión de Robert Louis Stevenson sobre los recovecos del ser humano y sobre la ambición de éste, que, en ocasiones, juega a ser Dios. En este artículo aportamos nuestras opiniones sobre la magistral novela.

Robert Louis Stevenson

Robert Louis Stevenson

La segunda mitad del siglo XIX conoció un gran auge de las filosofías positivistas. Lo que entonces se llamó la “ciencia positiva” exaltaba el cientifismo y lo empírico, lo experimental, arrinconando tesis menos materialistas. Pero, curiosamente, es también un periodo en que gozaron de gran difusión las sociedades parapsicológicas y todo lo que tuviese que ver con el estudio de los recovecos más profundos del ser humano. Destacadas personalidades de la época participaron de estas experiencias.

Quizá en este contexto de interés por lo oculto pueda explicarse que un autor de relatos clásicos de aventuras escribiese una reflexión sobre las honduras del hombre de tal calibre como ‘El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde’.

En efecto, Robert Louis Stevenson (Edimburgo, Escocia, 1850-1894) fue, mayoritariamente, un autor de relatos de aventuras al más puro estilo clásico. ‘La isla del tesoro’, ‘Cuentos de los mares del sur’, La Flecha Negra’, etc, son testimonio de ello. También realizó una incursión en el género de terror, con la novela breve ‘El ladrón de cadáveres’, pero, sin duda, su obra más aterradora es la que nos ocupa, auténtica reflexión sobre lo que puede ser la cara oculta del ser humano.


‘El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde’ fue publicada en 1886 y, si bien, en un principio, paso desapercibida, una buena crítica en la prensa despertó la atención del público, que desde entonces la ha consumido vorazmente. No faltan las opiniones que señalan que Stevenson escribió la obra bajo los efectos de psicotrópicos. Testimonios familiares atestiguan que, cuando la redactó –en apenas tres días-, parecía poseído. Era un hombre enfermo –tenía tuberculosis- y tomaba drogas para calmar su dolor. Pero, influido o no por ellas, es indudable que se han escrito pocos estudios tan extraordinarios sobre la dualidad del hombre y la otra cara del ser humano: la del mal.

Cuando el prestigioso abogado londinense Gabriel J. Utterson recibe el testamento de su amigo el Doctor Henry Jekyll, se extraña de que éste deje todos sus bienes a un tal Edward Hyde, a quién, pese a su estrecho trato con Jekyll, él no conoce. Tras preguntarle a su amigo por su beneficiario y responderle éste con palabras tranquilizadoras, parece despreocuparse, pero pronto todo cambia.

Ante un testigo, Hyde asesina a un respetable ciudadano, el parlamentario Sir Danvers Carew, junto a cuyo cuerpo deja, además, pruebas. Esto alarma a Utterson, quién, por otra parte, ya estaba preocupado ante la extraña conducta de su amigo, y decide investigar por su cuenta. Entretanto, Hyde ha desaparecido y el abogado sospecha que Jekyll lo esconde en su casa.

Un amigo común de ambos, el Doctor Lanyon es visitado por el abogado y le cuenta que no desea ver más a Jekyll. Este hecho y el estado de salud de su anfitrión asustan aún más a Utterson, quién, tras morir Lanyon, recibe una carta de éste con la indicación de que no la lea hasta que Jekyll muera o “desaparezca”.

Éste, por su parte, ha permanecido durante todo ese tiempo recluido en su casa. Pero, unos días más tarde, el abogado pasea con su primo, Mister Enfield, por la zona y ve al doctor asomado a la ventana. Mientras mantienen una breve conversación, éste parece sufrir una horrible transformación en su rostro y, rápidamente, se oculta dentro de casa.

Todos estos hechos desconciertan a Utterson, que no sabe qué hacer. Hasta que, una noche, Poole, criado de Jekyll, se presenta en su domicilio pidiéndole que lo acompañe a casa del doctor, pues éste lleva unos días encerrado en su despacho y alberga la sospecha de que algo malo está sucediendo. Llegados allí, intentan que les abra la puerta, pero Una voz, desde el interior, se niega. Como no les parece la de Jekyll, deciden tirar la puerta abajo y contemplan, aterrorizados, el cuerpo de Hyde que sufre espantosos espasmos y muere. Creen que se ha suicidado.

Poster sobre el Doctor Jeckyll y Mr. Hyde

Rebuscando en el escritorio, encuentran un sobre dirigido al abogado, del que, al abrirlo, caen tres sobres más pequeños. El primero es un nuevo testamento del doctor, en el que deja todos sus bienes a Utterson. El segundo, una misiva fechada ese mismo día en la que Jekyll le dice que lea la carta de Lanyon. Y el tercero parece ser una confesión del propio doctor, pero no la abren, sino que el abogado se la lleva a su casa para leer allí ambos documentos. A partir del momento en que lo hace, todo comienza a aclararse, pero nuestro amigo lector tendrá que llegar al final de la obra para poder contemplar la confesión que lo explica todo de boca del propio Doctor Jekyll.

Como decíamos, esta breve novela –apenas 126 páginas- es una incursión en los abismos insondables del Hombre. Stevenson realiza una profunda reflexión sobre la teoría de que todo ser humano lleva en sí una parte de maldad, la cual puede aflorar en cualquier momento, si se dan las condiciones oportunas, y convertirlo en el mismísimo Mal personificado. No cabe duda de que sus argumentos no son científicamente sostenibles ni entonces ni hoy, pero su tesis queda ahí.

Por lo que explicamos, podríamos decir que la obra es una novela de terror, pues lo que se nos narra así lo confirma. Pero, en tanto las circunstancias que se van produciendo para que ello suceda son fantasía, también podría calificarse como de ciencia ficción. Nosotros preferimos quedarnos con la primera calificación genérica, puesto que -si profundizamos en la alegoría que el autor expone y la cotejamos con la realidad: genocidios aquí y allá, asesinatos a las puertas de nuestra propia casa-, nos damos cuenta de que su tesis, aunque indemostrable, tiene muchos visos de ser cierta en bastantes casos.

Pero, en otro sentido, la obra es también una crítica a la ambición humana. No debemos jugar a ser Dios -parece decir el autor- pues las consecuencias nos desbordarán y terminarán aniquilándonos.

Formalmente, Stevenson, curtido en la novela de aventuras, sabe llevar el tempo de la narración de modo magistral, dosificándonos la historia de tal manera que no decaiga nuestra atención y manteniendo el suspense en todo momento. Tanto los pasajes descriptivos como los dialogados, tienen el ritmo adecuado para mantener nuestro interés, sin ocultarnos datos relevantes pero, también, excluyendo lo accesorio. Y el recurso final a la carta aclaratoria –a modo de testamento vital- de Jekyll nos parece magistral.

En suma, creemos que se trata de  una excelente novela, cuya lectura no dudamos en recomendar, especialmente a aquellos que gusten de las narraciones de terror.

Lectura de la obra | ‘El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’ en Librodot

Fotos: R. L. Stevenson: Chepry en Wikipedia | Poster Jekyll y Hyde: Nard the Bard en Wikipedia

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