Bomba, el Muchacho de la Jungla, de Roy Rockwood

El famoso libro de aventuras «Bomba, el muchacho de la jungla», es un libro de Roy Rockwood, claro que este fue sólo un pseudónimo de los tantos escritores fantasma que escribían para el Sindicato Stratemeyer.

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Investigando un poco acerca de Roy Rockwood, que con su personaje Bomba fue una de las tantas lecturas habituales de mi infancia, me llevé una terrible decepción. Si literariamente no se trató de un autor de imaginación y pluma desbordantes, al nivel de Verne, Dumas o Salgari, sí lograba generar ese deseo de avanzar en la lectura, de tomar el libro con la promesa de aventuras emocionantes. El hecho es que Roy Rockwood no resultó ser otra cosa que el pseudónimo utilizado por numerosos escritores fantasma del Sindicato Stratemeyer, para publicar libros de aventuras.

Edward Stratemeyer, fundador de esta empresa de escritores fantasma de libros en serie, ya había utilizado previamente el pseudónimo Roy Rockwood para el libro El Hechicero del Mar y Un Viaje Bajo el Océano, publicados por Mershon Company en 1900.

Bomba, fue publicado por Cupples and Leon en la primer mitad del siglo XX, siguiendo los pasos de las exitosas series de Tarzan.

La serie Bomba estuvo integrada por 20 libros. Los primeros 10 de ellos ambientados en Sudamérica, donde Bomba, que ha crecido en la jungla, intenta descubrir su origen. Un tema recurrente es que Bomba, por ser blanco, posee un alma inquieta, en tanto sus amigos, los nativos de piel oscura, tienen almas aletargadas. Los siguientes 10 libros transcurren en África, donde un Bomba algo mayor repite sus aventuras. Este nuevo escenario probablemente fue determinado por la gran popularidad del film Tarzan el Hombre Mono.

En 1949 Monogram Pictures llevó al personaje de Bomba a la pantalla grande, interpretado por Johnny Sheffield. Sheffield ya era una estrella reconocida, había personificado a Tarzan de niño en los films estelarizados por Johnny Weissmuller.

El Sindicato Stratemeyer fue una creación de Edward Stratemeyer, gran admirador de Horatio Alger, algo que finalmente logró (eventualmente inclusive escribió once libros bajo el pseudónimo «Horatio Alger»).



El logro comercial de Stratemeyer, sin embargo, fue notar que había un inmenso, y no advertido, mercado para libros de “niños”. Desde el punto de vista de Stratemeyer, lo que llamaba la atención a este público, y lo llevaba a leer, era el deseo de historias serializadas y el síndrome de “quiero más”.

Con esto en consideración, Stratemeyer comenzó a escribir la serie llamada The Rover Boys, en la cual estableció algunas prácticas clave.

El libro debía ser, obviamente, en series, y cuando más rápida era la siguiente entrega, mejor
.

Los libros debían ser escritos bajo un pseudónimo. Edward Stratemeyer podía morir, pero «Roy Rockwood » no tenía por qué hacerlo, por lo que «Bomba» todavía seguiría vivo. Debían verse en lo posible como libros de adultos en cuanto a ilustraciones, encuadernación, etc. Debían ser de una extensión predecible.

Los capítulos debían concluir en una situación irresuelta
, a igual manera que las páginas en la medida de lo posible, para incrementar el deseo de los lectores de voltear páginas, y de esa manera su velocidad de lectura, con lo que una vez finalizado el volumen, desearía comenzar el siguiente, con la seguridad que encontraría el mismo tipo de historia.

Cada libro comenzaría con una breve reseña del libro previo de la serie.

The Rover Boys fue un destacado suceso, y Stratemeyer comenzó a escribir otros libros en serie
. The Bobbsey Twins apareció en 1904 y Tom Swift en 1910. En algún momento de la misma década, Stratemeyer tomó conciencia que ya no podría mantener el ritmo de múltiples volúmenes de múltiples series, por lo que comenzó a contratar escritores fantasma, como Howard Garis.

En 1911, bajo el pseudónimo Chester K. Steele, Stratemeyer publicó The Mansion of Mystery (escrita por él mismo). Otros cinco libros fueron escritos en esa serie de misterio, siendo el último editado en 1928. Los libros apuntaron a una audiencia de una edad mayor a la de sus series previas.

Tras ello, el Sindicato se centró en series de misterio, volviendo a un público más joven: The Hardy Boys, que apareció por primera vez en 1927, escrita por Leslie McFarlane y otros, y Nancy Drew, aparecida en 1930, escrita por Mildred Wirt Benson y otros.

En 1930 Stratemeyer murió, y el Sindicato fue heredado por sus dos hijas, Harriet y Edna (irónicamente, Stratemeyer había sido un convencido que el lugar de la mujer era la casa).

Edna mostró poco interés, y vendió su parte a Harriet sólo unos pocos años después. Harriet tomó enérgicamente las riendas. Introdujo algunas series
como The Dana Girls (1934), y Tom Swift Jr., así como The Happy Hollisters y muchas otras, las cuales tuvieron escaso éxito.

En la década de 50
, Harriet (por aquel entonces Harriet Stratemeyer Adams) comenzó un proyecto de revisión substancial de viejos volúmenes de las series Nancy Drew y Hardy Boys, mayormente para actualizarlos, removiendo referencias a carruajes y otros elementos anacrónicos, así como términos raciales despectivos y estereotipados, los cuales fueron eliminados, y en algunos casos (como en The Secret of Shadow Ranch y The Mystery at the Moss-Covered Mansion) capítulos enteros fueron quitados y reemplazados con otros nuevos.

Hacia fines de los ‘70, Adams decidió que era tiempo que Nancy y los Hardy fueran a edición de bolsillo. El mercado de tapa dura ya no era tan rentable. Grosset & Dunlap, los editores, se negaron a perder tan importantes ganancias y presentaron una demanda, el caso tomó estado público, rebelándose por primera vez a la audiencia la existencia del Sindicato, el cual siempre había apelado a todo recurso posible para esconder su existencia a los lectores. Los escritores fantasma estaban contractualmente obligados a mantener en secreto la autoría de sus obras. Grosset & Dunlap perdió la demanda, y los nuevos títulos fueron subsecuentemente publicados desde 1979 por Simon & Schuster.

En 1987, tras la muerte de Adams (en 1982), Simon & Schuster adquirió el Sindicato a sus propietarios
, Edward Stratemeyer Adams, Camilla Adams McClave, Patricia Adams Harr, Nancy Axelrod y Lilo Wuenn.

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