Cara de Plata, de Valle-Inclán

Hasta no hace mucho tiempo, bohemia y literatura iban indisolublemente unidas. Uno de los máximos exponentes de una y de otra fue Ramón María del Valle Inclán, ‘eximio escritor y extravagante ciudadano’, en palabras de Primo de Rivera.
Tras unos inicios adscritos al Modernismo, a los que pertenecen las ‘Sonatas’, fue adquiriendo un estilo propio que desembocaría en los ‘esperpentos’. Pero, entre una etapa y otra, existe una fase de ‘esperpentización’. A ella pertenece la trilogía de las ‘Comedias bárbaras’, la primera de las cuales en cuanto a argumento es ‘Cara de Plata’, una sórdida historia ambientada en la Galicia rural y presidida por la sobrehumana figura del hidalgo don Juan de Montenegro.

Valle-Inclán y el 'esperpento' en Cara de Plata

Valle-Inclán y el 'esperpento' en Cara de Plata

En tiempos no tan lejanos, era frecuente entre los escritores mantener una conducta marginal respecto a la sociedad. Llevaban una vida bohemia, en la que el noctambulismo, el alcohol y, a veces, las drogas eran componente indispensable. Y todo ello derivaba no pocas veces en sonadas trifulcas con la fuerza pública.

Uno de los personajes más relevantes de este ejército de bohemios fue Ramón María del Valle Peña, más conocido por su pseudónimo literario, Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, Galicia, 1866-1936). Hombre singular, calificado por el entonces Presidente del Gobierno, Primo de Rivera, como «eximio escritor y extravagante ciudadano» y definido por Gómez de la Serna como «la mejor máscara a pié que cruzaba la calle de Alcalá», rechazaba la civilización burguesa por prosaica y adoraba –por estética- el pasado. Fue, sin duda, una personalidad excéntrica.

Pero Valle era, por encima de sus rarezas, un excepcional escritor, uno de los mejores que ha dado la Literatura en lengua Castellana. Menos dotado para la poesía, su teatro y su narrativa, sin embargo, son de una calidad extraordinaria.

Tras unos inicios situados claramente en el Modernismo –a los que pertenecen las ‘Sonatas’, memorias del marqués de Bradomín, ‘un don Juan feo, católico y sentimental’, y un auténtico prodigio de manejo del idioma y de belleza-, Valle adopta un estilo propio que desembocará en los ‘esperpentos’, cuyo estilo se halla en el polo opuesto de las anteriores. Son éstos una deformación grotesca de la realidad española con intención de criticarla despiadadamente y su lenguaje es, por tanto, desgarrado, bronco, incluso, a veces soez.

Pero, entre unas formas y otras, existe una fase intermedia que la crítica califica como ‘esperpentización’. En ella, aparece un mundo brutal –el rural gallego-, repleto de personajes extraños, violentos o tarados, marcados por una naturaleza salvaje y unas costumbres sociales aún cercanas al Feudalismo.

A esta época pertenece ‘Cara de Plata’, última entrega de la trilogía de las ‘Comedias bárbaras’ –se publicó en 1922- pero la que la inicia en lo que respecta al argumento. Nos presenta ese mundo rural gallego, presidido por la inmensa figura del hidalgo don Juan de Montenegro, tiránico y brutal, que es dueño y señor de haciendas y personas y cuya familia ha degenerado en una decadencia imparable.

Mantiene una disputa con el abad a causa del paso por sus tierras que culmina con el rapto y violación de la sobrina de éste, Sabelita. Como consecuencia de ello, su hijo, ‘Cara de Plata’, se enfrentará violentamente a él. Se ha discutido mucho si se trata de una pieza teatral irrepresentable o, por el contrario, de una novela dialogada. Es indiferente. Lo importante es su brutal fuerza dramática y su belleza literaria. Aquí tenéis un enlace directo a la obra de Valle-Inclán.

Foto: Valle-Inclán por Joseluis bn en Wikipedia

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