Don Juan de Molière, versión del mito a la francesa

Don Juan constituye un mito universal. Desde Tirso de Molina, son muchos los autores que se han ocupado de él. Uno de éstos es Molière, cuya versión, pretendidamente cómica, tiene poco de humor, si no fuera por la figura del criado Sganarelle.

La figura mítica del aventurero galante que seduce a las mujeres para luego abandonarlas sin importarle las consecuencias que ello pueda tener presenta una larguísima tradición literaria, pero su primera gran aparición se da en El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina.

Foto de un monumento a Molière

Monumento a Molière

Además, el personaje de Don Juan no es ninguna invención, sino muy real, hasta el punto de que se encuentra en la sociedad de cualquier época y lugar. Por ello, no es de extrañar que un autor que tomaba sus temas de la observación de la vida lo adoptase. Hablamos de Molière, a quién su contemporáneo Boileau llamaba precisamente ‘el contemplador’.

Jean-Baptiste Poquelin (París, 1622-1673) tomó el seudónimo de Molière en sus inicios literarios, cuando abandonó una vida cómoda en la Corte para dedicarse a su gran afición, el teatro. Y, si bien, no logró ganar tanto dinero como hubiera hecho en la vida cortesana, se convirtió en el mayor comediógrafo francés del siglo XVII.

Como decíamos, Molière toma sus temas de la observación de la sociedad, preferentemente de sus  aspectos negativos: las modas ridículas, la hipocresía, en suma, sus defectos. Pero no critica particularismos, sino arquetipos, sus personajes son representativos de una figura de ese tejido social. Los títulos son harto elocuentes: El avaro, El misántropo, El enfermo imaginario, o Las preciosas ridículas son algunos de ellos. Por ello, sus obras poseen un alcance universal y atemporal.


En este sentido, aunque se trata de comedias y, por tanto, contienen elementos humorísticos con personajes en exceso caricaturizados, casi siempre dejan un poso en el espectador de cierta tristeza, al poner ante sus ojos las miserias del hombre.

Por su parte, el Don Juan fue escrito en 1665, a continuación del estreno de su Tartufo, que había levantado una enorme polémica. Por ello, no fue bien recibida y hubo de recortar escenas. El hecho de presentar a un seductor libertino e infiel, blasfemo e hipócrita, sin duda, no ayudaría mucho.

Foto de una obra de Molière

Representación de una obra de Molière

Realmente, el tema tiene poco de comedia. La parte de comicidad corre a cargo del criado del protagonista, Sganarelle, quién, como el gracioso de la comedia española, aporta los toques de humanidad y humor a la obra. Su amo es el galán valiente y listo, pero también cínico y cruel, que no cree en nada y vive entre conquistas y duelos, sin importarle el daño que pueda causar.

Se trata de una reflexión sobre los excesos del libertinaje y posee muy buena calidad pero, a nuestro juicio, no alcanza ni por asomo el valor literario y humano que tienen la de Tirso de Molina o la de Zorrilla.

Podéis leer la obra aquí.

Foto: Monumento a Molière: Coucouschocolat en Flickr | Obra de Molière: Boch en Flickr

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