El Ultraísmo, un efímero movimiento de vanguardia

A principios del siglo XX, se desarrollan los movimientos de vanguardia como un intento de renovación de la Literatura. Por ello, fueron auténticos laboratorios donde experimentar nuevas formas y, en consecuencia, su duración fue efímera (salvo el Surrealismo). Uno de los pocos genuinamente hispanoamericanos fue el Ultraísmo, que aquí explicamos.

A principios del siglo XX, el cansancio de las corrientes literarias decimonónicas –desde el Romanticismo hasta el Simbolismo y, en Hispanoamérica, el Modernismo– desembocó en un deseo generalizado de apartarse de ellas y crear un arte nuevo. A causa de ello surgieron las llamadas Vanguardias, que significan realmente una ruptura con todo lo anterior, probablemente la más radical de cuantas se hayan producido en la Historia de la Literatura.

Por tanto, podríamos decir que había que partir de cero y, en consecuencia, los movimientos vanguardistas constituyeron verdaderos laboratorios donde experimentar nuevas formas literarias y, como tal, todos ellos tuvieron una vida efímera: en muy pocos años, surgieron y desaparecieron el Futurismo, el Cubismo, el Dadaísmo o el Creacionismo. Tan sólo el Surrealismo pervivió más tiempo y dejó una huella mucho mayor en los autores posteriores.

Foto de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges (en el centro), uno de los fundadores del Ultraísmo

No obstante, entre todos ellos, hubo dos genuinamente hispanoamericanos: el Creacionismo y el Ultraísmo, estrechamente emparentado con él y en cuyo análisis nos centraremos. Su principal promotor fue el poeta Guillermo de Torre, figura esencial en las vanguardias españolas, aunque también participaron en su fundación Rafael Cansinos-Assens, Rafael Lasso de la Vega, el argentino Jorge Luis Borges y otros escritores. Su ‘Manifiesto’ –toda vanguardia que se precie debe tener uno- se publicó en la revista ‘Cervantes’ en 1919.

Sus tesis literarias toman elementos del Cubismo, del Futurismo y, en los aspectos técnicos, del Dadaísmo. Como su propio nombre quería indicar, sus integrantes propugnaban ir más allá de las tendencias imperantes y predicaban desterrar de la poesía –su género predilecto- el sentimentalismo y la anécdota en favor de una lírica deshumanizada. En consecuencia, entienden la poesía como síntesis de nuevos temas (preferentemente los maquinistas y deportivos del Futurismo) y del ensayo de nuevas formas.

En cuanto a éstas últimas, rinden culto a la metáfora como máxima expresión de la imagen poética y eliminan todo elemento tradicional del verso como la rima, la ornamentación o la musicalidad. En cambio potencian enormemente el efecto visual del poema. Ello se debe a la influencia del Cubismo y a que conciben la escritura como un arte estrechamente emparentado con la pintura y la arquitectura. Por otra parte, quizá el mejor testimonio de la poesía ultraísta sea el libro ‘Hélices’, del citado Guillermo de Torre. Sin embargo, el movimiento duró poco tiempo: en 1923, él mismo, que había sido su principal impulsor, lo declaró definitivamente desaparecido. Para las corrientes posteriores ha legado el gusto por la metáfora audaz y por los poemas visuales.

Fuente: Sapiens.

Foto: Xornalcerto.

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