Exiliados, de James Joyce, la huida hacia el interior de uno mismo

Existen dos tipos de exilio: el externo y el interior, encerrándose en uno mismo. Y así parecen acabar los personajes del drama de Joyce Exiliados tras tener un comportamiento egoista y mezquino en las relaciones de unos con otros. Una obra que revela la escasa fe del autor en el ser humano.

Cuando una persona decide exiliarse, puede hacerlo de dos formas: la primera y más habitual es marcharse de su país para vivir en otro. Pero existe otro tipo de exilio de índole psicológica, consistente en encerrarse en uno mismo ante algún desengaño o peligro.

Foto de un busto a Joyce

Busto conmemorativo en honor a James Joyce

A este segundo modo parece referirse James Joyce (Dublín, 1882-1941) en su drama Exiliados, ya que sus personajes, una vez frustradas sus egoístas expectativas, parecen recogerse en ese enclaustramiento interior.

Joyce es, a un tiempo, uno de los principales renovadores de la narrativa contemporánea y un autor controvertido. Su gran creación, el Ulises –como también sucede con En busca del tiempo perdido de Proust y con otras obras- despierta tanta admiración como rechazo. Probablemente, nadie discute sus cualidades literarias, pero su dificultad de lectura ha hecho que muchos aficionados a las letras lo hayan abandonado nada más comenzarlo.

No es de extrañar, ya que esta transposición al mundo moderno de La Odisea de Homero mezcla todo tipo de lenguajes, destruye todas las técnicas de la narrativa tradicional y muestra una agria concepción del ser humano.


No mucho mejor parados salen los protagonistas de Exiliados, obra teatral estrenada en 1914 con absoluto fracaso. Son personajes egoístas, tan sólo movidos por sus intereses personales, y no dudan en traicionar –o al menos intentarlo- a sus allegados.

Richard Rowan es un escritor de éxito casado con Bertha, mujer más joven y menos culta que él. Por su parte, el mejor amigo de éste, Robert muestra un libidinoso deseo hacia la esposa que Richard conoce y tolera. El cuadro es completado por Beatriz, prima de Robert que, a su vez, es deseada por el escritor.

En este complejo mundo de relaciones, nadie juega limpio. Richard, al permitir los escarceos de su mujer, se cree legitimado para engañarla con Beatriz. Robert no tiene ningún miramiento a la hora de traicionar a su amigo. Bertha, al verse autorizada tácitamente por su esposo, tampoco siente remordimiento alguno ante sus escarceos con el mejor amigo de éste. Y Beatriz no resulta mucho más digna.

Foto del puente James Joyce, en Dublín

Puente James Joyce, en Dublín, su ciudad natal

Pero, sin duda, el peor de todos ellos es Richard, capaz de arrojar a su esposa en brazos de su mejor amigo y luego sentir celos y odio por ambos. Es un miserable que se cree superior e incluso desprecia a su madre.

Ante el fracaso de sus intentos, todos ellos deciden refugiarse en sí mismos. Desde luego, no se puede decir que Joyce tuviese una visión muy positiva y optimista del ser humano.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: La pasión inútil.

Fotos: Busto a Joyce: Infomatique en Flickr | Puente James Joyce: Infomatique en Flickr.

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