‘Guillermo Hotel’, de Antonio de Lara, «Tono»

Los enredos y situaciones de doble sentido que se producen en una habitación amenazan con llevar al traste la boda de Elena y Ludovico.

Habitación Casa rural

La revista satírica ‘La Codorniz’ fue creada en 1941 por Miguel Mihura como sucesora de la que él mismo había publicado durante la Guerra Civil con el título de ‘La Ametralladora’. Tuvo una larga vida pues se publicó hasta 1978 a pesar de sus numerosos tropiezos con la censura. Tras Mihura, la dirigieron Álvaro de la Iglesia, Manuel Summers y «Cándido». Pero lo verdaderamente extraordinario es la pléyade de escritores cómicos que, o bien formaron parte de su plantilla, o bien colaboraron en ella.

Entre éstos y a modo de ejemplo, podemos mencionar a Edgar Neville, Miguel Gila, Wenceslao Fernández Flórez, José López Rubio, Enrique Jardiel Poncela y Carlos Llopis, todos los cuales cultivaron, además, la comedia con enorme brillantez. Buena prueba de ello es que algunos llegaron a trabajar como guionistas en Hollywood.

Uno de los que intentó el «sueño americano» fue Antonio de Lara Gavilán (Jaén, 1900-1978), que firmaba sus trabajos como «Tono» y a quién suele incluirse junto a algunos de los anteriores en la llamada «Otra Generación del Veintisiete». Caricaturista y escritor, destacó especialmente como autor de comedias, algunas de ellas escritas en colaboración con su inseparable Miguel Mihura. Buena muestra de ellas es ‘Ni pobre ni rico sino todo lo contrario’, en la que un acaudalado galán está dispuesto a deshacerse de su fortuna para conseguir el amor de Margarita, quién luego lo desprecia por demasiado pobre.

Y es que ambos cultivaban un humor desquiciado que se basaba en situaciones absurdas de gran fuerza cómica. A ello responde ‘Guillermo Hotel’, escrita en solitario por «Tono». En este caso es Elena la que llega a la ciudad de su novio Ludovico para organizar su boda. Se aloja en un hotel cuya habitación recuerda al famoso camarote de los hermanos Marx.

Porque primero entra un ladrón que, ante el riesgo de ser descubierto, se esconde bajo la cama. Seguidamente lo hace Alberto, un cliente que se confunde de habitación. Ante semejante coyuntura, todos los esfuerzos de Elena se centrarán en mantener íntegra su reputación, sobre todo cuando, a la mañana siguiente, llegan Ludovico y los padres de ambos para recogerla. Con tan desquiciado argumento, no hace falta destacar la cantidad de situaciones cómicas que se producen. Se trata, en suma, de una comedia repleta de humor que se logra mediante un sinfín de enredos y situaciones que se prestan al doble sentido, tan gratas al escritor jienense.

Vía: Navaleno.

Foto: Top Rural.

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