Marta y María, de Armando Palacio Valdés, dos hermanas muy diferentes

La segunda mitad del siglo XIX es la época dorada de la novela. En ese periodo se suceden diversas tendencias que los buenos escritores supieron asumir sin perder por ello su originalidad. Uno de éstos fue Palacio Valdés, que, en Marta y María, nos brinda una visión crítica de la religiosidad mal entendida.

Es unánimemente aceptado que la segunda mitad del siglo XIX es el periodo por excelencia de la novela, con figuras de la talla de Gustave Flaubert o Zola en Francia, Charles Dickens en Inglaterra, Dostoievski y León Tolstoi en Rusia o Benito Pérez Galdós y Pereda en España, entre otros muchos.

Foto de una mina de carbón

Castillete de una mina de carbón. La minería constituye el antagonista de La aldea perdida

También es una etapa –sobre todo en sus años finales- en que el género narrativa evoluciona mucho. En pocos años, al modelo realista imperante le sucede el Naturalismo creado por el citado Zola y a éste un nuevo realismo, esta vez menos objetivo y más espiritual.

Por otra parte, todo buen escritor sabe adoptar y asumir las novedades técnicas y estilísticas que se producen en su profesión sin por ello perder su peculiar forma de hacer literatura. Esto sucede con el asturiano Armando Palacio Valdés (Entrialgo, Laviana, 1853-1938).

En efecto, suele ser considerado un novelista tradicional, tanto por sus formas como por sus ideas. Sin embargo, también supo tomar del Naturalismo lo bueno que ofrecía sin caer en los excesos de otros. En este sentido, pueden diferenciarse en su obra dos caminos distintos: de una parte, las obras más puramente idealistas como La aldea perdida, donde defiende el mundo previo a la Revolución Industrial como una Arcadia feliz contraponiéndolo de forma maniquea a la maldad del progreso; y, de otra, sus novelas más realistas, en las que muestra con espíritu crítico problemas de la sociedad española de su época.


Es esta segunda forma de novelar la menos conocida de Palacio Valdés, ya que la crítica siempre se ha quedado con la primera por su tono más amable. Sin embargo, el autor asturiano también sabe ser crítico y fustigar aquello con lo que no está de acuerdo.

Así, a pesar de sus convicciones católicas, no duda en criticar a una parte del clero y a la religiosidad mal entendida, es decir, aquélla que se queda en las apariencias externas sin profundizar en el verdadero cristianismo.

Foto del Ayuntamiento de Avilés

Ayuntamiento de Avilés, ciudad donde el escritor pasó su infancia

Buena muestra de ello es la novela Marta y María, publicada en 1883, en la que muestra la dicotomía entre estas dos hermanas de clase acomodada. María es una muchacha religiosa que acaba ingresando en un convento pero también es egocéntrica y fría en sus sentimientos. Por el contrario, Marta carece de los sentimientos piadosos de su hermana pero es sincera y práctica, mucho más humana que María. A ojos de Palacio Valdés quién goza de todas sus simpatías es Marta.

Realmente, se trata de una novela realista, un cuadro de costumbres de una ciudad provinciana llamada Nieva. Pero los elementos naturalistas afloran aquí y allá. Ejemplo evidente de ello es el momento en que nos narra la flagelación de María, en la que incluso se atisban elementos que reflejan una cierta perversión sexual.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Palaciovaldes.com.

Fotos: Castillete de mina: Fotos de Carrio en Flickr | Ayuntamiento de Avilés: Pablo G. Pando en Flickr.

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