Pasarse de listo, de Juan Valera, o mucha teoría y poca práctica

Los conocimientos teóricos no bastan para vivir en sociedad. Es necesario acumular experiencias para conocer al Hombre y al Mundo. Eso es lo que parece querer expresar Juan Valera en su novela Pasarse de listo, en la que un marido que piensa demasiado termina por creer que su joven esposa lo engaña.

Para desenvolverse bien en la sociedad, se requieren conocimientos teóricos pero también mucha práctica. Quiere esto decir que para entender al Hombre y al Mundo, es necesario vivir en él, relacionarse con los demás y enriquecerse con experiencias abundantes.

Retrato de Valera

Juan Valera

No es más sabio quién se limita a conocerlos teóricamente y a reflexionar sobre los conocimientos adquiridos. Es más, el exceso de especulación y reflexión teórica suele conducir a engañarse y a ser engañado. La capacidad de ser perspicaz no se basa en la teoría, sino en la práctica.

Esta es la tesis que parece defender Juan Valera (Cabra, Córdoba, 1824-1905) en su novela Pasarse de listo y que él mismo practicó a lo largo de su vida. Y es que el escritor fue un hombre de mundo: diplomático de profesión, poseía un temperamento hedonista que lo condujo a numerosas aventuras galantes y a gozar de la vida social, en la cual, por cierto, fue introducido por otro gran escritor: el duque de Rivas.

Pero, además, es Valera «una anomalía literaria», en palabras de la crítica. En un tiempo en que el Realismo se hallaba en pleno apogeo, con la narrativa de Galdós o Pereda, sus obras huyen del relato pormenorizado de hechos y de la descripción minuciosa de personajes o ambientes para profundizar en los estados de ánimo de los personajes, especialmente de los femeninos. Es decir, cabría situarlo dentro de una estética idealista.


Pasarse de listo es una de sus primeras novelas. Nos presenta a don Braulio, casado con una mujer mucho más joven que él. Hombre demasiado caviloso, da en pensar que su esposa no lo ama por ser viejo y feo y que lo engaña con el conde de Alhedin, un petimetre que la pretende y con el que ella no pasa del inocente galanteo. Pero obsesionarse no es bueno y puede acabar en tragedia.

Foto de San Petersburgo

Una vista de San Petersburgo, donde Valera fue embajador

Sin embargo, el personaje más interesante es Inesita, cuñada de don Braulio y que es la que, de verdad, se pasa de lista, engañando a todos los que viven con ella. Mientras se deja querer por su novio, aprovecha el tiempo con el conde y distrae las sospechas sobre su hermana.

Aunque no es la mejor obra de Valera, resulta un relato muy ameno en el que destaca, como siempre, la prosa del cordobés, elegante y casticista a un tiempo, que muestra –bajo una aparente espontaneidad- una absoluta pulcritud. No puede extrañar que, por ello, Valera haya resistido el paso del tiempo mejor que sus contemporáneos, ya que es, probablemente, quién mejor escribe y sabe dotar a su prosa de una absoluta atemporalidad.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente:  Filosofía.org.

Fotos: Juan Valera: Armando Martín en Wikimedia | San Petersburgo: Furilo en Flickr.

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