Una antigualla de Sevilla, contribución del Duque de Rivas al romancero

Cuando se vive a caballo entre dos épocas, es frecuente que se evolucione. Así sucedió a muchos escritores a principios del siglo XIX. Educados en el Neoclasicismo, es su exilio conocieron el movimiento romántico y se adhirieron a éste, introduciéndolo en España. Uno de ellos fue el duque de Rivas, creador de Don Álvaro o la fuerza del sino, pero también de unos Romances históricos a los que pertenece Una antigualla de Sevilla.

Cuando se vive a caballo entre dos épocas, es frecuente que, quién pertenece por edad a la primera, termine acomodándose a la segunda sin por ello traicionar sus convicciones fundamentales, sino a través de un proceso de evolución coherente. Sólo los ignorantes o los chaqueteros reniegan de lo que fueron.

Foto de un retrato del duque de Rivas

Retrato del duque de Rivas

Esto se aprecia muy visiblemente en épocas convulsas, como lo fue el paso del siglo XVIII al XIX, aún más en España debido a la Guerra de la Independencia. Muchos intelectuales formados en el Neoclasicismo Fernando VII evolucionaron paulatinamente hacia las nuevas corrientes románticas que llegaban del exterior. Ello se vio, además, intensificado por sus obligatorios exilios, huyendo del mezquino .

Uno de estos literatos fue Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano, más conocido por su titulo nobiliario, duque de Rivas (Córdoba, 1791-1865). Soldado valeroso durante la guerra contra los franceses, en 1823 fue condenado a muerte y sus bienes confiscados a causa de su participación en el golpe de estado del general Riego. Por ello, se vio obligado a emprender un exilio que le llevaría a Inglaterra, MaltaEl faro de Malta se titula una de sus composiciones más celebres- y Francia.

Cuando retornó en 1833, había conocido de primera mano el imperante en aquellos países y se convirtió en uno de los más destacados militantes del movimiento en Romanticismo España, hasta el punto de que su drama Don Álvaro o la fuerza del sino, estrenada en 1835, constituye el primer gran éxito del teatro romántico español.


Por otra parte, inscrito en el gusto por el pasado que es una de las características del Romanticismo, se sitúa la recuperación del romance, composición poética cuyo origen se pierde en los inicios de la lírica, y de las leyendas. Y Rivas no fue una excepción: en 1841, publico unos Romances históricos entre los que se encuentra Una antigualla de Sevilla, poema narrativo basado en una anécdota legendaria que existía en aquella ciudad acerca de un busto real situado en la calle de las Candilejas.

Foto del Palacio de Rivas

Palacio del duque de Rivas, en Madrid

Una anciana presencia cómo el Rey asesina a otro hombre. Prendida y torturada para que confiese el nombre del criminal, se niega a hacerlo pues sabe que no la creerían. Entonces interviene el Rey para hacer justicia y confiesa ser el asesino. Pero como nadie puede juzgarle y mucho menos cortar su cabeza, deciden situar un busto suyo en la calle donde se cometió el delito.

Al más puro estilo del romancero antiguo, Rivas utiliza el verso de arte menor y narra la historia con agilidad y soltura, pero también con cierto menoscabo de la calidad poética en aras de la claridad expositiva. No obstante, ello no resta valor a estos romances, que se leen con gusto.

Podéis leer el romance aquí.

Fotos: Duque de Rivas: Joseluis bn en Wikipedia | Palacio de Rivas: Alejandro Blanco en Flickr

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