Vampiro, un casamiento desigual

El Realismo narrativo de mediados del siglo XIX desembocó, a través de la obra de Zola, en el movimiento naturalista, un método empírico de afrontar la obra literaria. En la Literatura Española, su máxima representante fue Emilia Pardo Bazán, aunque su naturalismo se halla suavizado por su ideario cristiano, hasta el punto de que, en algunas de sus obras, no aparece por parte alguna. Así sucede en el cuento ‘Vampiro’, sobre el casamiento de un viejo y una niña.

Vampiro, uno de los cuentos de Pardo Bazán

Vampiro, uno de los cuentos de Pardo Bazán

El Realismo narrativo de mediados del siglo XIX desembocó, a través de la obra de Émile Zola, en una literatura experimental que pretendía seguir las pautas de la Ciencia del momento para –por medio de la novela- realizar un análisis empírico de la sociedad, mostrar sus defectos y corregirlos. Es lo que se conoce como Naturalismo y, rápidamente, se expandió por el resto de las naciones.

En la Literatura Española, muchos fueron los que se vieron influidos por el escritor francés. El mismísimo Galdós presenta algunos rasgos zolescos en sus obras de esos momentos –por ejemplo, en ‘La desheredada’- y también ‘Clarín’ muestra reminiscencias del movimiento.

Pero, dejando a un lado a escritores menores, como Sawa o López Bago, los principales seguidores de Zola en España fueron Vicente Blasco Ibáñez y Emilia Pardo Bazán y aún en el caso de éstos se trata de un naturalismo muy personal, que en el caso de la segunda se halla tamizado por la fe cristiana.

Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851-1921) pertenecía a una familia aristocrática y, como mujer, fue una precursora en muchos ámbitos. Quizá por ello, por tener que desenvolverse y hacerse respetar en un mundo de hombres en el que el feminismo aún era poco más que testimonial, su conducta fue, en muchas ocasiones, polémica y movida por el ánimo de impactar. Así sucedió con la publicación de su ensayo ‘La cuestión palpitante’, en el que defendía las tesis de Zola y que causó un enorme revuelo, desencadenando un alud de protestas y ataques.

No obstante, el Naturalismo de Pardo Bazán es más teórico que práctico. Su pensamiento cristiano ejercía de freno a la hora de plasmar en sus obras las ideas del escritor francés. De hecho, en muchas de ellas no aparece por ningún lado.

Así sucede en ‘Vampiro’, un relato breve que muestra una realidad social ya denunciada un siglo antes por Moratín: el casamiento de conveniencia entre viejos y muchachas jóvenes, con la particularidad de que Pardo Bazán hace un uso abundante de la ironía.

Don Fortunato Gayoso, de setenta y siete años y que ha retornado de América con una gran fortuna, se casa con Inesiña, niña de quince y sobrina del cura de Gondelle. Según el anciano, sólo busca una persona que lo cuide en sus últimos años. Pero su intención es mucho más perversa: como un vampiro, tratará de absorber la juventud de la muchacha, transmitiéndole su vejez y consiguiendo, así, rejuvenecer.

En efecto, ésto es lo que sucede. Don Fortunato recupera su vitalidad mientras Inesiña va amustiándose y muere sin cumplir los veinte años. Ante el éxito obtenido, el rejuvenecido viudo –según la narradora- ya busca otra muchacha para volver a casarse.

Pardo Bazán es, a nuestro juicio, una de las principales autoras de relatos breves de la Literatura Española –escribió un sin fin de ellos- y este cuento es una excelente muestra, pues su construcción es perfecta, su redacción excelente y la ironía con que se narran las intenciones de don Fortunato magistral.

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