Experimentando con la novela negra

Según los entendidos, Andrea Camilleri (Sicilia, 1925) es el gran clásico vivo de la literatura policíaca italiana y Carlo Lucarelli (Parma, 1960) es uno de sus sucesores más dignos. Por tanto, la idea de ofrecer un libro hecho a cuatro manos y protagonizado por sus personajes más famosos, el comisario Salvo Montalbano y la inspectora Grazia Negro, en principio debería constituir un reclamo explosivo para los amantes del género negro.

Por la boca muere el pez es un experimento de literatura negra

Sin embargo, Por la boca muere el pez acaba resultando más un experimento curioso y simpático, apto sólo para los fans menos exigentes, que una buena novela negra. En una nota final, el editor italiano explica la génesis del libro y describe el proceso de creación. En vez de encerrarse en una habitación y trabajar codo con codo, un método inviable por cuestiones de pura logística, Camilleri y Lucarelli fueron haciendo cada uno por su parte, enviándose por correo propuestas y textos, colaborando pero a la vez poniéndose retos y desafíos. El asunto, como nuestros lectores imaginaréis, tiene su gracia y originalidad, pero a la larga puede que acaba resultando en algo demasiado mecánico y prefabricado como para dar a luz una verdadera obra artística.

La metodología de trabajo, por ejemplo, determinó decisivamente la forma de la novela: un intercambio epistolar entre Montalbano y Negro. Sólo cuando la trama lo requiere, las cartas de los protagonistas son complementadas por una miscelánea de materiales que incluye noticias de prensa, informes policiales, declaraciones de testigos, la transcripción de una grabación, fotos, etc. No es que montar un híbrido de novela epistolar y de dossier heterogéneo sea por fuerza una mala idea, pero deberían de haber trabajado mucho más para dar un aspecto más sólido y completo en todo el conjunto. Y es que, desafortunadamente y cómo muchos críticos afirman, tal y como está ahora parece sólo el esquema de una novela.

Aunque el argumento presenta un crimen que debe resolverse y una peligrosa investigación que saca a la luz más parches brutos de los previstos, Por la boca muere el pez a veces no logra transmitir por completo ni la tensión, ni el ritmo endemoniado, ni la embrutecedora sensación de turbidez que se podría esperar de una novela escrita a medias por dos de los autores de la novela policíaca más reconocidos de la actualidad. En definitiva, este es un lanzamiento editorial recomendado para auténticos devotos del género y también de sus autores.

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